1. Unos kilos de más


    Fecha: 01/05/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... aliento...
    
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    Mi mente retrocedió hasta el comienzo de esa noche.... Fue una cita a ciegas.... bueno, no completamente a ciegas. Nos habíamos "conocido" hace un tiempo en la red, después de que ella leyera un relato que había escrito. Intercambiamos algunos mails y nos fuimos conociendo, a la vez que fantaseábamos. Me había dicho que tenía "unos kilos de más" y que era algo mayor que yo. Yo le contesté, sonriendo para mí, que ella era precisamente el tipo de mujer que me volvía loco. Que si había leído algún relato mío lo debería tener claro. Me contestó que sí, con una carita sonriente, que por eso me había escrito, pero que prefería recalcármelo y asegurarse. Se llamaba Helena.
    
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    Estaba sentado en una mesa del restaurante del Hotel Gran Ciudad. En ese momento el camarero estaba rellenando mi copa de vino, por lo que había dejado de observar la puerta de entrada. Sentí una presencia justo detrás de mí, luego un toque en mi hombro.... y una cara al lado de mi oreja.
    
    - "Jon, supongo", susurró ella, y luego sentí que me besaba el lóbulo de la oreja, jugando con su lengua. Un escalofrío de excitación recorrió mi cuerpo; no me esperaba algo así. Giré mi cabeza. Tenía que ser ella. Estaba vestida de negro, y llevaba una blusa escotada que mostraba un más que sugerente canalillo; una chaqueta, y una falda negra. Se deslizó en ...
    ... la silla que estaba en frente mío y me miró.
    
    - "Si no eres Jon, esto es terriblemente embarazoso."
    
    - "Aunque no fuera Jon, consideraría cambiarme el nombre". Se quedó dubitativa durante un segundo, y luego una pequeña sonrisa cruzó sus labios.
    
    - “Lo dices en serio?"
    
    - "¿Tengo cara de póquer?"
    
    - "Apenas".
    
    Sonreí.
    
    - "Tienes razón. Nunca he sido buen jugando de póquer."
    
    Al principio estábamos un poco cortados, sobre todo yo, pero con ayuda de un excelente vino fuimos soltándonos. Tenía un gran sentido del humor, por lo que en seguida congeniamos y nos sentimos muy a gusto el uno con el otro. Nos reíamos mucho.
    
    - "Pero, cómo podemos estar tan locos para haber acabado en esta cita?", preguntó riéndose.
    
    - "Pues no lo sé. Pero yo creo que es de las mejores decisiones que he tomado en mi vida", respondí guiñándole un ojo.
    
    Era una mujer soberbia, espléndida, de generosas carnes, una hermosura. Tenía una bonita sonrisa y unos ojos vivarachos y brillantes (quizás el vino ayudara a ello), pelo negro cortado a media melena que dejaba ver un precioso cuello. Yo no podía dejar de echar miradas furtivas a su escote, aunque creo que me pilló en más de una ocasión. Me gustaba mucho.
    
    Eso sí, cuando me dijo "unos kilos de mas", no mintió, para mi alborozo. Aquella exhuberante mujer me tenía encandilado, me gustaba mucho. Lo que más deseaba en el mundo era dormir con ella. Terminamos nuestra comida enfrascados en interesantes conversaciones que hicieron que ...
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