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Aventuras y desventuras húmedas: Segunda etapa (14)
Fecha: 07/05/2022, Categorías: Incesto Autor: LilithDuran, Fuente: CuentoRelatos
... culpes. —comenzó a hablar Mari mientras pasaba sus uñas por toda la longitud del pene de Sergio recogiendo las gotas que ella misma había depositado— Soy una mujer y tengo mis necesidades. Tu padre ya no me da lo que necesito. Las manos de la mujer rodearon lo que pudieron la carne que desbordaba en sus manos y colocaron la polla contra su propio vientre. Mari inició un sube y baja lento mientras acercaba la cara a la de su hijo y los grandes pechos… casi los podía tocar con la punta de su pene. —Necesito un hombre en casa, un macho… alguien que me lo haga, alguien que me posea. Sea de día o de noche, haga frío o calor, alguien que jamás ponga excusas. Necesito alguien que me dome, alguien que me monte. Sus labios estaban tan cerca que apenas podía ver el movimiento de las dos manos subiendo y bajando su exagerado pene. El aliento en su boca era como un perfume, un bálsamo embriagador que le hacía perder el norte. —¿Conoces a ese hombre? —preguntó Mari para fulminándole con una mirada de sus preciosos ojos azules y para después, lamerle los labios culminando con un pequeño mordisco. —Sí… —la voz de Sergio se comenzaba a perder por el placer que sentía. —No te he oído bien. Dile a mamá quien es ese hombre que necesita en casa. Los labios de Mari ahora habían viajado hasta el odio del joven, que recostado en el sillón, gozaba de la mejor masturbación que le habían hecho en la vida. Los senos de la mujer estaban cerca… muy cerca, tanto que uno de los ...
... pezones rozó su pectoral, algo que le produjo placer y cosquillas. —Yo… —Dilo más alto, que se enteren todos en esta casa —le dijo su madre esta vez con los ojos fijos en los del joven. —¡YO! Se abalanzó hacia delante, haciendo contacto con el cuerpo de su madre y dejando entre medias su pene. Mari no dejó de moverlo y mucho menos cuando las manos de su hijo apresaron sus dos nalgas apretando con una fuerza temible. El trasero le vibró a la mujer y apretó los labios en una mezcla de dolor y placer que Sergio divisó perfectamente. Ahora sus pechos estaban casi en el cuello del chico, apretados. Mientras por debajo de este, en un espacio que era muy reducido, el pene de Sergio con líquidos que parecían no tener fin, se movía gracias a las manos de Mari en una excelente masturbación. —Yo. —volvió a decir mientras su madre seguía apretando los dientes— Tu hijo. Eso es lo que necesitas. El movimiento de muñeca de Mari se aceleró al escuchar aquello y Sergio se alejó algo del cuerpo, o mejor dicho, de los senos de su madre para dejarla hacer. El kimono le caía ahora hasta los antebrazos dejándola los hombros libres, como si no llevara nada. Sergio la observó en toda su desnudez, con un gesto torcido del placer, unos ojos que eran puro fuego y un rostro enrojecido que no se quedaba atrás. Las manos del muchacho seguían apretando con cada dedo las nalgas de la mujer como ella seguía haciendo con su miembro. El final era cercano, Sergio comenzaba a notar espasmos que ...