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Memorias inolvidables (Capítulo 4)
Fecha: 09/05/2022, Categorías: Gays Autor: janpaul, Fuente: CuentoRelatos
... tienes malos sueños, Ismael, ¿es cierto?, —dijo. — No sé, creo que ya no, —respondí. — Pero no duermes bien, se te nota, —mintió. — No sé qué se me nota, —dije. — De todas formas te acompaño hoy y a ver si te vas aliviando, —me propuso sin pedir permiso y se metió a la cama. A mí me había gustado lo que me había hecho ya unas cuatro veces Andrés que no supo callar y se lo dijo a Timoteo, entonces si este venía a lo mismo, me iba a gustar, entonces le pregunté: — ¿Me quito ya el pijama? Se me quedó mirando, adivinando que yo fui más listo que él, porque le adiviné sus malas intenciones. — Si, mejor, sí; aprovecho y me lo quito yo también, —respondió. — Pues quiero ver lo que haces y cómo lo haces, —le respondí como le había dicho anteriormente a Andrés que había accedido y me resultó más placentero. Tiré la sábana a los pies de la cama, puse la almohada debajo de mis caderas y levanté las piernas acercándome las rodillas a mi pecho. Le tendí una caja de vaselina que había cogido del baño de mis padres y supo qué hacer con ello. Lo de la vaselina lo había aprendido yo solo, me metía el dedo y me costaba, con agua igual me costaba metérmelo, con saliva menos y un día que estaba en casa solo, me metí en el baño de mis padres a escudriñar sin ninguna intención, sino pura curiosidad, olí bragas de mi madre y no me gustaron, olí calzoncillos de mi padre y tampoco porque olían demasiado a sudor; encontré varias cosas que no sabía para qué se usaban y ...
... por fin encontré vaselina alcanforada y sin alcanfor. Como me habían puesto algunas veces vaselina en la nariz y me parecía que los dedos patinaban, entonces me llevé el tubo de la alcanforada y la caja redonda sin alcanfor. Por el buen olor me puse vaselina alcanforada en el dedo y entró fácilmente y me dio gusto, pero picaba algo. Así que al día siguiente me puse pura vaselina, el efecto fue el mismo pero sin escozor. Me agradó. A Timoteo se la di pensando que pediría explicación, pero no, se la colocó en su polla y metió un dedo untado en mi culo. Con las nalgas bien abiertas y la vaselina, la polla de Timoteo, con ser algo más gruesa que la de Andrés, entró suave y agradablemente. Me gustó y entré en un delirium tremens que me hacía gemir de gusto: — ¡Aaaaaah, ¡aaaaaah!, ¡aaaaaah! ¡qué gusto! así, así, —decía o gritaba yo. — No grites tanto. Comenzó muy pronto a meter y sacar con movimientos bruscos y se corrió en mi interior. Luego me corrí yo, porque me había puesto a masturbarme. Lo miré a la cara, vi que sentía vergüenza, tal vez porque se corrió antes que yo, quizá porque se dio cuenta que su hermanito ya no era un ignorante o bien porque mi polla aún era mayor que la suya. Timoteo lo gozó y me preguntó: — ¿Te molestaría que viniera alguna vez más? — No, ¿por qué debía molestarme si eres mi hermano?, —dije. Se inclinó, me besó y aprendí algo nuevo, que para sacar placer del beso había que meter lengua en la boca del otro. No tuve necesidad de que ...