1. Un hijo se la arma parda a su madre


    Fecha: 12/05/2022, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos

    El chalet tenía una piscina de 50 metros en la parte de atrás, Jairo salió desnudo de ella. Con las manos echó hacia atrás su corto cabello negro. Su cuerpo bronceado en la playa tenía bellos pectorales, tableta, piernas musculadas, anchas espalda y cintura estrecha. Colgando tenía los 16 centímetros en reposo de una gorda verga. Su cuerpo era espectacular, era el cuerpo de un joven culturista que acababa de cumplir los 18 años y medía 1.86.
    
    Se secó con una toalla y se puso una bata blanca. No le puso el cinto. Entró en el chalet y le dijo a su madre:
    
    -¿Tomamos unos refrescos antes de vestirnos y salir a merendar, madre?
    
    Maira, su madre, que era una mujer muy religiosa, una beata, media santa para sus conocidas, que tenía 36 años y era de estatura mediana, morena, de ojos negros y que tenía buenas tetas y precioso culo, sin levantar la vista de la revista que estaba leyendo, le dijo:
    
    -Ponlos, hijos, ponlos.
    
    Jairo volvió del mueble bar con dos vasos de tubo en el que traía un par de refrescos de naranja con hielo. Maira levantó la vista y lo primero que vio fue la verga de su hijo. Siguió mirando hacia arriba y vio su cuerpo escultural. Se persignó mientras de los altavoces del reproductor de cds salía la voz de Freddie Mercury cantando Bohemian Rhapsody.
    
    -Tápate, hijo, tápate que ya no eres un niño.
    
    Le dio el refresco, se sentó a su lado, y le preguntó:
    
    -¿No le gusto, madre?
    
    -No es cuestión de gustos, es cuestión de que eres mi hijo. Y en tus ojos ...
    ... leo la palabra deseo.
    
    Jairo le puso una mano sobre la rodilla derecha.
    
    -Lee bien, madre, la deseo.
    
    -Deja de decir tonterías.
    
    Le cogió la mano derecha y se la llevó a la verga. Maira posó la mano encima de ella. En un acto reflejo la cogió. Su mano no la abarcaba. La retiró.
    
    -¿Por qué no sigue, madre?
    
    Maira, que llevaba puesta una falda marrón que le daba por debajo de las rodillas, una blusa blanca y que calzaba unos zapatos marrones, le apartó la mano, echó un trago generoso al refresco, y después le dijo:
    
    -Voy a tener que hablar con tu padre cuando vuelva de Ginebra.
    
    -Pillado el mensaje. Me voy a cambiar. Perdone, madre.
    
    Jairo, se marchó... A los cinco minutos fue a la habitación de su madre y la encontró dormida en bragas y sostén, se quedara dormida porque le había echado dos somníferos en el vermut, somníferos que llevaba en un bolsillo de la bata.
    
    Le quitó las bragas a su madre y vio su coño peludo. Le quitó el sujetador y vio sus tetas, grandes, redondas y esponjosas, con bellas areolas marrones y gordos pezones. Al tenerla desnuda, exclamó:
    
    -¡Qué cuerpazo!
    
    Le amordazó la boca y le ató las manos a los barrotes de la cabecera de la cama con dos pañoletas... Después le magreó las tetas con mucha dulzura. Jugó con la punta de su lengua en las areolas y en los pezones, besó, lamió, chupó, se hartó de jugar con ella, luego bajó a su coño, lo lamió y la lengua se le llenó de un jugo pastoso. Maira, durmiendo, comenzó a gemir.
    
    Sonó el ...
«123»