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Estaba obsesionado con Laura
Fecha: 15/05/2022, Categorías: Hetero Autor: Johnpaulstarr, Fuente: CuentoRelatos
... cabeza y me miró con una leve sonrisa. “Dios mío, ahora me golpea”. Y en ese instante sentí una suave caricia a la altura de mi bragueta, una cálida mano que recorría mi pene desde la base hasta la punta, como midiéndolo. Ahora era ella quien buscaba apoyarse fuertemente contra mí, y bamboleaba el culo, aunque de una forma imperceptible para los demás pasajeros; me puse a pensar en Laura, ya que se le parecía bastante, y entonces, lentamente, comencé a masajearle la cola como respuesta a su toqueteo. Bajé un poco la mano hasta llegar a su pierna y descubrí una minifalda. Subí su pollera con mucho cuidado de no ser visto por nadie, metí los dedos por debajo de la bombacha y busqué desesperadamente su vagina, para poder comenzar a excitarla, pero cerró sus piernas de tal forma que me fue imposible efectuar la maniobra. Allí descubrí un detalle: era una chica gordita. “Aquí no” me dijo en voz muy baja al darse vuelta y mirarme nuevamente. Retiré mi mano, la falda volvió a su posición, y yo quedé a la espera de su decisión. “Bajemos”, me dijo resueltamente. Como pudimos, y no sin pisotear a varias personas, conseguimos llegar hasta la puerta y por fin bajamos. Era inmensamente bonita, y confirmaba mi impresión de su peso, aunque poseía un cuerpo increíblemente armonioso y llamativo. Sus tetas parecían estar puestas a presión dentro de su corpiño y daban la impresión de no poder permanecer por mucho más tiempo allí dentro; eran los pechos más enormes que ...
... había visto en mi vida. “¿Vivís con alguien?” Preguntó. “No, vivo solo”. “Entonces vayamos a tu casa, la mía queda demasiado lejos de aquí”. Paré un taxi, subimos y fuimos rumbo a mi departamento. En el viaje no pude esperar y toqué su pierna con tanta vehemencia que creí que el taxista estaba viéndonos. Iba de la rodilla hacia arriba y le levantaba la pollera, que dejaba ver unas medias negras y una tanga del mismo color. La muchacha abrió levemente las piernas y guio mi mano hasta su intimidad, pero inmediatamente la sacó y se acomodó en el asiento sin decir una palabra, y pasó el resto del viaje en silencio mirando por la ventanilla. Cuando por fin llegamos, la invité a sentarse y beber una copa, lo que aceptó de buen grado. Fui a la cocina a buscar hielo, y cuando volví, la encontré en ropa interior recostada en el sillón. Realmente, y pese a sus kilos de más, poseía un cuerpo voluptuoso y extraordinario; tal como había deducido, tenía las tetas gigantes y perfectamente paradas, y había metido su mano bajo su diminuta tanga para frotarse el sexo e ir preparando el terreno que yo visitaría en unos minutos. Debo decirlo: estaba extasiado con ese panorama, y a esa altura, terriblemente caliente. Su masaje ya comenzaba a acompañarse con lentos movimientos de su pelvis hacia delante y atrás, y para completar la escena, se sacó toda la ropa y volvió a estimularse. “Sacá la pija, la necesito”, rogó. No la hice esperar: también yo me desnudé por completo y ...