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Pervertí a mi Amiga
Fecha: 19/05/2022, Categorías: Confesiones Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
Una amiga, llamémosle Daniela, finalmente se ganó la confianza suficiente para que yo le hablara de mis... aventuras. Le conté poco a poco de mi época de colegio, mis juegos con mi exnovio, el imprevisto con su hermano, y una versión suave de las cosas que hice después... Al principio simplemente escuchaba "con la boca abierta", sonrojada y un poco incómoda, hasta el punto de que las primeras veces se alejó de mí muchos días antes de volver a hablarme. Pero con el tiempo se fue aflojando, y eventualmente ella ponía el tema con ese esfuerzo casi infantil que hace la gente pàra hablar de algo que le da miedo pero de lo que realmente quiere hablar: un titubeo, una declaración clara y poco pulida, a través de un tono de voz tenso que pretende ser relajado. Y bueno: al escucharme contarle las historias, o a veces repetírselas por petición suya, o porque "olvidé que ya se la había contado", su incomodidad inicial se convirtió poco a poco en un interés no-tan-disimulado que hacía brillar un poco su piel, separar inconscientemente sus labios, expandirse sus pupilas, tragar saliva a intervalos irregulares, y "acomodarse" continuamente el busto y la postura al sentarse para poder seguirme escuchando. Como era de esperarse, pronto empezó a a hablar de sí misma, de sus pequeñas experiencias... y de sus fantasías. Y yo, disimuladamente, me echaba cada vez más hacia atrás en la mesa en la que nos sentábamos una frente a la otra... cosa que el deseo de hablar de ello desgastara un poco ...
... su recato, y hablara de ello más fuerte. Logré un tono de voz más alto que el secreto, pero no lo suficiente. Necesitaba algo más. Una de sus fantasías era ser manoseada por un hombre apenas-conocido mientras estaba atada y con los ojos vendados. Pero temía demasiado a la incertidumbre. Necesitaba a alguien más vigilándola. Eso era perfecto. ...Perfecto. Decidí ayudarla. Soy una gran altruista. Una noche de sábado fuimos a un bar para gente liberal, y, conmigo lejos, pasó poco tiempo antes de que se le acercara un chico bastante guapo. No era solamente que ella tuviera una belleza de chica rica exuberante, con buen cuerpo, un lindo cabello, linda sonrisa, y un busto bastante grande y aún así tan firme como puede ser uno natural... no... era también que yo ya me había puesto de acuerdo con ese chico, sin que ella supiera, para que se le acercara; por su puesto, todo lo que él dijo sobre sí mismo era mentira, pero sirvió para convencerla. No tuve que hacer mucho. Al cabo de un rato, íbamos camino a un cómodo motel que él propuso. No se dejaba abrazar de él, guardando la distancia mientras se mivía con cierto frenetismo y me miraba con frecuencia como pidiéndome permiso para seguir caminando: un claro pero débil esfuerzo para escapar de una de las pocas veces que había aceptado estar con alguien en la primera cita. Y esta vez iba acompañada; eso seguro era un agravante. Pero a pesar de todo, llegamos. Y yo, desde atrás del chico, no pude hacer más que saludar al ...