1. Patricia, cuando follaba, era de pocas palabras


    Fecha: 25/05/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos

    ... ancha.
    
    -No hace falta que lo jures.
    
    Retiraron los platos del pescado y nos pusieron el faisán. La música clásica seguía mezclándose con toda clase de aromas, el del faisán, el de los calamares, el de las natillas, el de las centollas... Con el faisán sobre la mesa, me dijo:
    
    -Dime cómo comes un culo.
    
    Ahora quise ser yo el exquisito.
    
    -No creo que sea el momento más adecuado.
    
    -Cualquier momento es bueno.
    
    Tenía que satisfacer su curiosidad.
    
    -Después de comer boca, tetas, y coño, se trata básicamente de lamer el periné y de follar el ojete con la punta de la lengua y para que la mujer se corra...
    
    Me cortó.
    
    -Déjalo ahí. Lo descubriré más tarde.
    
    Más tarde.
    
    Patricia después de ducharse vino hacia la cama cómo su madre la trajo al mundo, solo que más crecidita. Se había quitado la pintura y el maquillaje. Aún estaba más bella. Su cuerpo era perfecto, para mi gusto, tetas grandes, redondas, con areolas marrones y pezones gordos, sus caderas eran anchas, sus piernas largas y llenitas y su coño lo tenía depilado. Me dijo:
    
    -¿Aún estás así? -dijo al verme vestido y sentado en el borde de la cama con una copa de vino blanco en la mano-. Habrá que desvestirte.
    
    Vino a mi lado, me levanté y estando en cuclillas, cuando pensé que me la iba a manar, se levantó, se echó sobre la cama y me dijo:
    
    -A ver qué sabes hacer.
    
    Estaba visto que no era de mamadas. Me eché a su lado y la besé en la boca. Nuestras lenguas estuvieron jugando unos minutos ...
    ... mientras su mano derecha masturbaba mi polla y dos dedos de mi mano derecha acariciaban sus labios vaginales, que poco a poco se fueron humedeciendo. Sin dejar de masturbarla, saboreé sus bellas tetas, de tacto sedoso, lamiendo chupando y mamando, le arranqué los primeros gemidos. Cuando metí mi cabeza entre sus piernas ya tenía el coño chorreando. Le separé los labios con dos dedos y lamí su humedad. Sabía entre ácido y salado. Le metí parte de mi lengua en la vagina y después lamí su clítoris, un clítoris que ya tenía el glande erecto, eso hizo que al lamer se estremeciera, que se pusiera perra, que levantara la pelvis, que se diera la vuelta, que se pusiera en la posición del perrito, y que me dijera:
    
    -Hazme correr comiéndome el culo.
    
    Tenía unas cachas gordas y el ojete virgen. Allí no había entrado nada, era tan pequeñito que creo que ni ella misma se lo había tocado al masturbarse. Lamí varias veces desde el periné hasta el ojete. Después metí y saqué la punta de la lengua en el ojete. Sus gemidos y las contracciones del agujerito me decían que le estaba gustando. Le cogí las tetas y magreándolas lamí desde su coño a su ojete... Al llegar a él metía la lengua y la sacaba. No sé si sería veinte o treinta veces las que mi lengua hizo ese recorrido, pero en la última, que mi lengua entró en su culo, sus gemidos se hicieron escandalosos. Sin avisar comenzó a correrse. Le metí la polla en el coño y sentí sus contracciones y la calidez de sus jugos. Cuando cesó el placer y los ...