1. Andanzas y devaneos de un empleado de telecomunicaciones


    Fecha: 27/05/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Thotem, Fuente: CuentoRelatos

    ... buena jodienda con la potra madura, y me dijo que “a esas se las puede meter hasta el fondo”.
    
    Y así fue, no se equivocaba el conserje, nada más entrar la dejé en pelota picada, solo con sus medias, sus pechos eran algo caídos de pezones morenos, su culo era tenso, no tenía celulitis. Nos pusimos en 69, ella succionaba mi rabo con ganas, me masajeaba los huevos, notaba su respiración pesada en mi polla; por mi parte yo lameteaba un coño viscoso combinándolo con su zona anal, también apetecible. Estábamos muy excitados, la volteé, ella puso las piernas en mis hombros y la pistoneé con ganas, gemía, ronroneaba; el coño emitía chapoteos, eso me puso más aún. Le hice unos bombeos a full, ella ya se vino estertoreando jadeos de orgasmo. Después que ella se viniera, terminé en su boca, le atenace la nuca y note como mi lefa entraba en su boca. Ella engullía, note espasmos en su pecho y boca. Quedé exhausto. Ella corrió al baño, noté como escupía y vomitaba. Al volver me dijo:
    
    — Eres un poco bestia, te has aprovechado
    
    — Pero lo has disfrutado, eso es ...
    ... lo que cuenta — conteste.
    
    — Tengo algo de sueño, me gustaría descansar algo — dijo ella.
    
    Quedamos algo dormidos, al cabo de una hora larga me desperté, ella estaba ladeada, pude ver su culazo, el agujero tenía posibilidades, se lo comí, ella despertó, balbuceo algo, la posicioné en postura perrito, ella aún emitía balbuceos, no entendí muy bien. Escupí en su ano, abrí sus nalgas y un pistoneo rápido dejé clavada media polla. Se quejó, pero se abrió con sus manos las nalgas y esa vez si, clave a fondo al mismo tiempo que le cacheteaba las nalgas hasta que enrojecieron, después cogí su cabellera y tuvo que arquearse. Le hice un anal a full. Gritaba como una posesa, pero se frotaba el clítoris. Me vine dentro de su culo de forma abundante. Volvimos a quedar exhaustos y dormidos. Me levanté, ella también, estaba algo resacosa. Se duchó y salió. Me pidió mi número de móvil, se lo dí, obviamente un número falso. Bajé, tenía que irme, el conserje había terminado su turno y se disponía también a irse. Nos miramos, le levanté le pulgar en signo de triunfo. 
«123»