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Doblegando lealtades
Fecha: 31/05/2022, Categorías: Confesiones Autor: Astrid Carolina, Fuente: CuentoRelatos
Hola nuevamente. Soy Carla, de Arequipa, Perú. En esta oportunidad les entregaré un relato de aquella vez que pude verificar la verdadera amistad entre dos personas. Siempre suelen afirmar que la picazón del séptimo año es una especie de bisagra para los matrimonios. El amor y el entusiasmo ya no fluyen como antes. Aparecen tentaciones peligrosas. La fantasía de tener una aventura con otra persona empieza a sonar con más fuerza en la cabeza. Pero esto es solamente un mito o es una realidad. La rutina, los niños, el trabajo, algunas preocupaciones, se dan como un combo letal para la relación. Y nuevamente, la fantasía de la infidelidad empieza a aflorar con mayor frecuencia en nuestros pensamientos. En mi caso, yo estuve casada hasta hace dos años, casi veinte años, o sea que superé el temido sétimo año. Pero claro, conté con una valiosa ayuda. Jorge, en aquella fecha tenía 37 años (uno más que yo), era muy buen amigo de Richard (mi esposo), siempre solían andar juntos e ir a cuantas reuniones podían siempre juntos. Amigos desde la universidad, habían consolidado una linda amistad. Jorge, era un chico delgado, más delgado que el promedio, pero no por eso se le veía mal. Al contrario, su delgadez lo hacía verse más ligero y divertido. Aunado a ello, su risa siempre a flor de labios, su sentido del humor tan especial, apropiado y ocurrente, su caballerosidad manifiesta, un chico siempre dispuesto a escucharte y tenderte una mano. Serio cuando la ocasión lo ...
... ameritaba y juguetón la mayoría de las veces. Bailarín como pocos y agraciado por donde se le viera. Para mí, si algún defecto tenía, era que estaba felizmente casado (eso creía yo) con Karina, y era muy leal a Richard. Entre ellos había una hermandad casi religiosa. Habíamos compartido con ellos y con otros amigos varias reuniones tanto en su casa como en la mía. Como es obvio, los traguitos nunca faltaban y entre broma y broma los chicos nos coqueteaban. Más de una vez, crucé miradas con Jorge. Sus ojos negros pardos me hacían sentir especial. Yo sin reparo alguno lo miraba directamente en espera de una reacción suya, sin mayor éxito. La rutina en la que había entrado mi relación matrimonial, hacía que cada día piense en la forma de superarlo. No con Richard, porque era para colmo de males una de las causas de dicha rutina. Me pregunté a mi misma: y si lo intentas con Jorge? Por qué no? Me contesté. Total, peor era no intentarlo. La primera semana de abril nos reunimos en su casa con otros amigos más. Fue una reunión agradable como casi todas. Risas, bailes, bebidas. Acordamos que la siguiente reunión sería en mi casa, la mayoría se apuntó en el momento, aunque poco a poco fueron desistiendo. Karina y Jorge se apuntaron. Al momento de despedirme, me acerqué y mientras le decía susurrante “deseo que el tiempo pase muy pronto para poder volver a verte” le di un beso entre la mejilla y los labios. Allí estaremos, contestó pero pude ver su cara de sorprendido ante mi ...