1. Doblegando lealtades


    Fecha: 31/05/2022, Categorías: Confesiones Autor: Astrid Carolina, Fuente: CuentoRelatos

    ... dentro de su bóxer verde. Su verga estaba caliente, como suplicando que alguien la libere del bóxer para mostrase en su plenitud. Tiesa, dura, erecta, que maravilla de verga tenía yo entre mis manos.
    
    -Toda traviesa le pregunté: Está así por mi?
    
    -Por quien más Carlita, por quien más…
    
    Seguía comiéndome la boca mientras acariciaba mis pechos, estrujándolos a veces suave a veces duro. Yo lo seguía masturbando de lo lindo con mis manitos.
    
    -Tienes unas tetas muy ricas.
    
    -No son tan grandes como las de Karina, pero eso sí, aún están duritas.
    
    Para facilitarle la tarea, bajé la parte de arriba del vestido dejándolas cubiertas solo con el brasier, que él afanosamente ya desabrochaba. Empezó a chupármelas como loco. Se notaba que le gustaba mucho hacerlo. De seguro se lo hacía a Karina. Ella tenía un busto generoso. No importaba, era su boquita en mis tetitas y eso era lo más importante.
    
    -Carla, dime que no es un sueño.
    
    -No, Coquis, no es un sueño. Es una linda realidad.
    
    La cara de Jorge era de antología. Era la clara muestra de la duda entre respetar la amistad a mi esposo y dejarse vencer por la pasión de poseerme.
    
    Le di un beso y bajé lentamente hasta ponerme de rodillas frente a esa palpitante verga. La tomé con una mano, mientras la acercaba a mi boca. Me metí la cabecita dentro de la boca y empecé con una succión que lo hacía delirar. Me la metía y la sacaba, repetidamente.
    
    -Habías soñado alguna vez estando así juntos?
    
    -Más de una vez soñé que ...
    ... podrías ser mi esposa.
    
    -Hoy quiero serlo mi amor. Hoy voy a serlo.
    
    Mientras seguía chupándole la verga, Jorge se agachó un poco, me tomó por el rostro y me levantó hacia él para besarme.
    
    -Me gustas demasiado Carla. Me has gustado siempre, desde que te conocí, pero me tenía que aguantar por respeto a Richard. Pero ya no puedo aguantar más. Quiero hacerte el amor.
    
    Lo besé tiernamente. Como por instinto le di la espalda, en gesto de indefensión y sumisión. Jorge, ahora era mío, me besaba los hombros, el cuello, mientras sus manos acariciaban mis tetitas.
    
    Con delicadeza apoyó una de sus manos contra mi cabeza pidiéndome que me recostara sobre la mesa. Con la otra subía mi vestidito azul y bajaba mi calzoncito (rosa para variar).
    
    Yo, estaba totalmente aturdida. Había conseguido que el mejor amigo de mi esposo me fuera a hacer suya.
    
    Bajó mi calzón y me besó delicadamente mis nalgas. Mientras apoyaba mi cabeza de costado sobre la mesa, vi que se ubicó en posición para penetrarme. Cerré los ojos, esperando la embestida de mi amorcito.
    
    Cada penetración tenía el sentido de la lujuria desatada. Jorge me tenía sola para él. Sentir sus manos en mi cintura sujetándomela con decisión, sentir su deliciosa verga entrando y saliendo de mi conchita, hacían que me volviera loca de placer. Era suya, completamente suya. Solo de él, y de nadie más. Mis tetitas, mi conchita, mi cuerpo entero, toda yo le pertenecía. Él lo sabía. Yo se lo hacía saber con cada uno de los gemidos ...
«1...345...»