1. Mi ayudante para todo


    Fecha: 09/06/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Isabel, Fuente: CuentoRelatos

    Mi matrimonio atravesaba un bache bastante feo, pero yo no quería divorciarme o no sabía si quería hacerlo. De hecho, sí que dudaba. Hacía largos meses que no tenía amante ni affaire ninguno y largos meses que el sexo con marido era de rutina. Creo que para estar bien con mi marido necesito otra u otras vergas. Y entonces ocurrió que tuve que hacer una gira de inspección a varias empresas de provincia más o menos por la misma fecha, y decidí irme en auto e invitar a mi becario, Alejo, muchacho recién egresado, de 24 años de edad, hermoso como el sol aunque él no lo sabía, pues era tímido y nervioso, huraño, sumamente estudioso y alejado de la vida real. Tanto, que cuando subió al coche conmigo, se sorprendió al enterarse de que iríamos solos. Yo ya había pensado todo y diseñado el viaje no en función del trabajo -que se cumpliría- sino del placer.
    
    Ese primer día viajamos largas horas, parando solo a almorzar, hasta llegar a una ciudad cercana ya a la primera que tenía que visitar, al día siguiente. Llegamos a buena hora y salimos a un bar de música en vivo que yo conocía de anteriores visitas. Habíamos charlado de la empresa y de la ciencia, de libros y política en la carretera, él mirando al frente, yo manejando. Ahora, con la cerveza, charlamos de cosas más personales, de novios y matrimonios. Él estaba con una chica con la que vivía de pleito, que lo humillaba constantemente, que no entendía su pasión por la ciencia y quería que trabajara para hacerse rico. Yo le ...
    ... conté mi crisis matrimonial. Pero esa noche no cogimos… él no me cogió. Yo lo quería completo, pero él no cedió, dijo que no estaba bien, que él tenía novio, que yo era casada, que esto y que aquello. Y se hizo la noche. Y se hizo de día y marchamos a la segunda ciudad.
    
    Trabajé en la mañana mientras Alejo paseaba, y en la tarde noche no pude evitar que me invitaran a salir dos buenos amigos de aquella ciudad, Márgaro (sí, mi Márgaro, un negro de gruesos brazos y elevada estatura que me comía con los ojos cada vez que su chica no lo veía, ese negro que tardaría casi tres años en cogerme, pero que desde entonces me cogía con la mirada… y yo a él) y su mujercita de entonces, delgada y morena, que ya entonces me celaba un poco, así que me descaré y llamé a Alejo. Bebimos los cuatro, Márgaro y su chica se besaban y se tocaban y al cabo de dos cervezas no pude evitarlo y besé a Alejo… y él me respondió. Yo me había puesto para salir, después del trabajo, una minifalda sin medias y el pequeño Alejo tardó en llevar su mano a mi rodilla y a subirla lentamente hasta acariciar mi muslo durante las siguientes dos cervezas, y los tequilas que vinieron, y el viaje al hotel en el asiento trasero del auto de Márgaro…
    
    Por fin, por fin lo tenía. Por fin eran mías esas nalgas que durante tiempo había admirado, esas botas vaqueras que le quitaría, ese paquete que más de una vez, durante el año que llevaba siendo mi becario, había mirado con disimulo. Su amplio pecho enfundado en playeras con ...
«123»