1. La vi crecer (Capítulo 3)


    Fecha: 26/06/2022, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos

    ... avergonzada. Sus mejillas ya estaban rojas, pero ahora tenían un color más intenso.
    
    Dejó el vaso vacío en la mesa ratona, y se sentó en mi regazo.
    
    Las nalgas duras y pulposas se sentían exquisitas en mis piernas.
    
    —Bueno, acá me tenés, para que recordemos viejos tiempos. Contame una historia tío Eze. ¿Te acordás que te decía tío? —preguntó, largándome el aliento a alcohol a la cara.
    
    —Claro que me acuerdo. Carmen pensaba que nunca ibas a poder llamarme papá, así que te inculcó que me digas tío.
    
    Aproveché para apoyar mi mano en su cintura. Unos centímetros arriba estaba la piel desnuda. Mis dedos, sigilosos, se desplazaban lentamente hacia ahí.
    
    —Qué señora metiche —dijo Lelu, con sorna. Aunque en su tono pude adivinar que había un verdadero reproche en sus palabras.
    
    —¿Te gustaría decirme papá? —le pregunté, con cierto temor.
    
    Lelu se inclinó hacia mí. Sus pechos se apretaron en mi cuerpo.
    
    —No… creo que “Carmen” tiene razón. No podría considerarte un verdadero padre. Llegó muy tarde a mi vida señor Ezequiel.
    
    —Pero en parte es mejor así —sugerí.
    
    —¿Mejor?
    
    —Sí… porque si fuera tu padre, no podría ser tu amigo.
    
    —¡Un brindis por la amistad! —dijo Lelu, y sirvió el poco vino que quedaba.
    
    Cuando se paró y dejó de hacer presión en mi pierna, noté que mi sexo ya se estaba despertando.
    
    Por suerte ahora se sentó a mi lado. Si sentía esas nalgas dignas de un monumento, una vez más, sobre mis piernas, no podría evitar una erección, y mucho peor, ...
    ... sería difícil evitar que ella la notara.
    
    Nos quedamos un rato más, conversando de cualquier cosa. Luego Lelu se sintió muy cansada y lentamente, se durmió en mi hombro.
    
    Tenía su boca muy cerca de la mía. Se la acaricié, con suavidad. Lelu balbuceó algo entre sueños. Los labios rosados se movieron. Un hilo fino de baba salió de ellos, impregnándose en su mentón. Se lo limpié con el pulgar. La boca quedó un poco abierta, dejando a la vista sus perfectos dientes. Acerqué mi rostro y uní mis labios a los suyos, sólo por un instante. La humedad de Lelu se adhirió a mí.
    
    La cargué en mis brazos y la llevé hasta su habitación. Deposité su cuerpo sobre el colchón. Lelu abrió los ojos.
    
    —Gracias Eze. Te quiero mucho —dijo, e inmediatamente después se quedó dormida nuevamente.
    
    IX
    
    Desperté bañado en transpiración. Había escuchado un ruido que me llamó la atención. Un sonido corto y seco ¿Fue la puerta delantera al cerrarse? Carmen no había vuelto. Eran las dos de la madrugada, no había motivos para que alguien entrara o saliera de la casa. ¿Lelu estaría bien?
    
    Salí de mi cuarto, y bajé las escaleras, sigiloso. Había un profundo silencio, sólo el motor de la heladera emitía un débil sonido. Pensé que quizá fue mi imaginación. Había tenido una pesadilla y el ruido fue en el sueño y no en la realidad. O quizá algún auto se comió la lomada que estaba a dos cuadras.
    
    La cena con Lelu me había dejado descolocado. Estuve así de cerca de decirle lo que me pasaba con ella.
    
    ¿Y ...
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