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La vi crecer (Capítulo 3)
Fecha: 26/06/2022, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos
... qué era lo que me pasaba con mi hijastra? Ni siquiera tenía en claro eso. Al principio sólo despertaba en mí una lujuria incontenible. Pero esa lujuria se estaba mezclando con otros sentimientos. Era muy pronto para hablar de amor. Quizás el cariño fraternal que siento desde que la conozco, se mezclaba con el deseo sexual, dejándome completamente azorado. Estuve a punto de volver a mi habitación cuando escuché un murmullo. No entendía cuáles eran las palabras que habían pronunciado, pero de lo que sí estaba seguro era que no era Lelu la que había hablado. Se trataba de una voz masculina. Ahora sí, me dirigí al cuarto de Lelu. Mi cuerpo temblaba involuntariamente. Sentía frío. Escuché el murmullo nuevamente. ¿Sería un audio que algún amigo le había enviado por Whatsapp? Sin embargo, la voz parecía pertenecer a un adulto. Lelu no tenía amigos de esa edad, que yo supiera. Encendí la linterna de mi celular para guiarme. Llegué hasta la puerta de su cuarto, seguro de no haber hecho ruido que me pusiera en evidencia. Me sorprendió notar que la luz de la habitación estaba encendida. Me puse en cuclillas. Acerqué mi ojo a la ranura de la puerta. El resquicio, a diferencia de el del baño, apenas me permitía ver una parte del cuarto. Pero era suficiente. Lelu estaba sentada en el borde de la cama. Llevaba un conjunto de ropa interior negro, muy sensual. Agarraba las tiras de la tanga, como insinuando que estaba a punto de sacársela. De repente un brazo entró en el ...
... cuadro. Un brazo oscuro que se estiraba para acariciar el rostro de Lelu y después su cabello. Moví mi cabeza unos milímetros, para que mis ojos pudieran captar otra parte de la imagen, como si estuviese armando un rompecabezas. Yo conocía a aquel hijo de puta ¡Era el carnicero! Ya sabía yo que mi instinto no me fallaba. Ese sorete se quería coger a mi hijastra y lo estaba consiguiendo. Estuve a punto de tirar la puerta abajo y sacarlo a patadas de casa. Pero entonces fue la mano de Lelu la que entró en escena. Fue directo a la bragueta del sucio carnicero. Él se arrimó, y mientras ella le bajaba el cierre, su pelvis quedó casi pegada a la cara de Lelu. No sabía si iba a haber otro momento en mi vida donde pudiese ver a Lelu en una situación tan íntima. El morbo que me generaba la escena se oponía a la inefable indignación que había aparecido al principio. Quedé petrificado, incapaz de reaccionar. La verga de piel marrón y venas marcadas quedó a la vista. Era chiquita y cabezona, como un hongo. Su pelvis estaba cubierta de un enmarañado y abundante vello oscuro. Lelu pareció fascinada ante la repulsiva imagen. Masajeó los testículos del carnicero. Él le susurró algo, ella sonrió. Miraba hacia arriba, probablemente a la cara del tipo cuando el sexo babeante de este comenzó a meterse entre los carnosos labios de la que hasta hace poco era una tierna niña. Era una representación moderna de la bella y la bestia. El perfecto rostro de Lelu al encuentro del ...