1. Inocente


    Fecha: 05/07/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... caricias.
    
    Para descansar fueron a la cama y allí se tumbaron. Ella le agradeció lo que había pasado y le pidió repetirlo más veces. Puso su mano en la polla del hombre y la acarició sin pensar en que él volvería a excitarse. El la preguntó por el vibrador y ella reconoció que lo había comprado hacía poco. Había ido a una tienda que vendía colgantes de bisutería etc y que esa tienda vendía algún juguete y se armó de valor y lo compró.
    
    Ella se giró y le pidió que le abrazase. El obedeció, pero al poner su pelvis contra el culo de ella no pudo evitar excitarse de nuevo y volver a tenerla dura. Ella le iba pidiendo perdón por llamarle cabrón y él le dijo que le había excitado y ella le dijo que podía insultarla también y él dijo que no.
    
    Se quedaron dormidos y en unos minutos él se despertó y fue al baño a orinar. Vio en el armario un pequeño bote de vaselina para roces etc y se le ocurrió una idea. Cogió el bote y lo llevó al cuarto y se volvió a poner detrás de Celia. Ella se despertó y movió el culo buscando un contacto fuerte con él. Los dos estaban desnudos. Él se separó lo justo para embadurnarse la polla de vaselina. Entonces la cogió y la puso boca abajo y comentó.
    
    ¿No querías que te llamase puta y te tratase sin miramientos?
    
    Si, hazlo.
    
    No había terminado de decirlo cuando sintió la polla querer abrir su puerta trasera. Por una parte, tuvo miedo, pero por otra quería volver ...
    ... a ser poseída que le dijo casi ordenándolo que lo hiciera. Por el peso la polla fue entrando poco a poco, muy lento hasta que faltaba un tercio y entonces empujó de un golpe hasta que su pelvis chocó con las nalgas de la mujer.
    
    Comenzó a follarla con fuerza, no tenía piedad. Eso a ella la ponía muy perra, pero le pidió una cosa, que él se dejase hacer antes de correrse. Él aceptó. Entonces ella le dijo que se la sacase y se tumbase boca arriba. El obedeció. Ella cogió dos sujetadores y le ató las manos al cabecero. Luego con otros dos le ató los tobillos. Entonces fue a la cocina y cogió un cuchillo y lo escondió a su espalda.
    
    Se sentó sobre él, a la altura del ombligo y sacó el cuchillo. Si hubiera sido otra mujer él sentiría pánico, pero con Celia sintió excitación y mucha. Ella pasó el cuchillo por su piel desde la frente pasando por la nariz, labios, barbilla, pecho y fue deslizándose hacia abajo. Entonces empuñó la polla y se la metió entera y comenzó a cabalgarlo. Ella guiaba. Él estaba a su merced. Ella aceleraba o ralentizaba hasta que no pudo más y tuvo un gran orgasmo tras el cual se desató en cuanto al ritmo y se levantó de la polla y justo se la metió en la boca en el momento que él eyaculaba y ella se tragaba parte y otra se le caía por las comisuras de los labios. Fue algo brutal. Volvieron a ducharse. Se vistieron y él se fue, pero ese verano fue el más ardiente de sus vidas. 
«123»