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Familia que culea unida
Fecha: 09/07/2022, Categorías: Gays Autor: Hunter, Fuente: CuentoRelatos
José, Ariel y Julio eran primos hermanos entre sí. Todos de una pequeña ciudad del campo, chicos toscos y rudos, acostumbrados desde chicos al trabajo de campo. José tiene 20, mide como 1.70 y es de contextura atlética, igual que los otros dos. Ariel, de 18, es el mas bajo de los tres. Mide si acaso 1.68 y tiene una contextura menuda, casi la de un chiquillo y Julio 21 años, quien es el más alto y musculoso. Cada vez que los contrataba por temporada me deleitaba viéndolos trabajar al sol. Cuerpos tostados por el sol tropical ardiente, músculos marcados, caritas de niños con culos espectaculares. Me sentaba a verlos soñando con tener algún día esos cuerpazos duros como el acero. Comencé a buscar oportunidades de acercármeles. Y el sábado por fin ocurrió. Nos fuimos temprano a trabajar al campo, reparar cercas, caminos y cargar troncos para una cabaña. El sol estaba ardiente, brillante. Comenzaron a sudar y se quitaron las camisas. Todos tienen unos pectorales marcadísimos, brazos fuertes y vientres planos. José tiene el cabello castaño y Julio y Ariel negro azabache, con cejas y labios gruesos, Los tres son totalmente lampiños y se rasuran las axilas. Esta vez José se había dejado crecer unos vellitos apenas visible en los sobacos, unos vellos brillantes y cobrizos que yo veía con admiración cada vez que levantaba los brazos. Después de trabajar casi 10 horas seguidas merecían unas cervezas y unos porritos. Nos sentamos en un rancho a tomar y fumar. Los ojos se ...
... les fueron poniendo rojos, las risas y los chistes fueron subiendo de tono y comenzamos a tontear. José se fue a acostar a uno de los cuartos mientras los otros seguían tomando cervezas como si fueran a morir esa misma noche. Cuando vi que se estaban acabando le pedí a Julio que me acompañara por otra caja a la abarrotería antes que cerrara. En el camino comencé a preguntarle hacía cuanto que no cogía con una mujer y se echó a reír. Cuando regresábamos comencé a sobarle la verga suavemente y se quedó calladito, suspirando cada vez que le apretaba pinga. Se bajó el short y sentí un olor a pinga sudada que era intoxicante. Una pinga de regular tamaño, gruesa y llena de vellos largos y gruesos. Me pegué a chupársela un poco nervioso por estar en la calle pero con muchísimas ganas. Chupé y chupé, lamiendo como si fuera un helado. Su pinga tenía el tamaño perfecto para mamar porque a pesar de ser gruesa no era tan larga y cada vez que me la tragaba me llegaba hasta la garganta y Julito suspiraba. Llegó a venirse cuando comencé a pajearlo y a meterme la pinga rápidamente en la garganta. El trallazo de leche caliente fue poco, como si se hubiese pajeado hacía poco. Lo fui chupando y lamiendo hasta que dejé su pinga limpiecita, sin una sola gota de leche. Ni siquiera tuve que limpiarme de lo bien que había hecho el trabajo. Llegamos a la casa y todo estaba en silencio. Julio se quedó fuera y cuando entré me di cuenta que Ariel estaba tirado al lado de su primo, con el short ...