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Enculando a la mujer madura
Fecha: 14/07/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... representado por una miniesfera de extrema regularidad. Un poco demasiado alto, como un globito que se escapa sobre los tejados de la ciudad. Javier salió desnudo, sonriente y mojado y Reme tuvo el tiempo justo de tirar el papelito debajo de la cama y abalanzarse sobre su atractivo acompañante para comérselo a besos de los pies a la cabeza. El muchacho había reflexionado en la ducha. Decididamente, el disgusto de separarse de Lucía apenas reencontrada, lo iba a aliviar jodiendo como un conejo en celo con aquella sencilla y opulenta señora, que no le quería complicar la vida sino llenarse todos los agujeros con su presencia material. Así que, con alegría y un punto de lujuria, Javier tumbó a Reme sobre la cama y empezó a recorrerla con manos y boca, alocadamente, algo violento y precipitado, pero buscando encender hasta la última fibra de aquel veterano cuerpazo. A los cinco minutos Remedios estaba tan cachonda y sofocada que tuvo que plantarse- ¡Basta ya, cacho cabrón! ¿Quieres volverme loca o qué? ¡Venga!¡Fóllame de una puta vez que tengo el chichi como la fuente de la Cibeles! Se le escapó la indiscreta comparación, pero disimuló como si fuera casualidad haber aludido al húmedo monumento de la cita de Javier. Él se detuvo turbado. Sólo fue un segundo, pero bastó para que ella confirmara sus sospechas. La reacción fue inmediata. Javier se colocó entre las piernas abiertas, apuntó y entró como un cohete perforando el cielo primaveral, como cuchillo en la ...
... mantequilla, como carajo en chocho abierto… Presa de una excitación poco habitual, con el despecho haciendo vibrar sus pelotas, Javier inició un mete-saca imposible, a un ritmo endiablado, haciendo vibrar las abundantes carnes de su amante como grandes flanes de vainilla. Saltaron las tetas fuera del picardías, se abrió éste, dejando el redondo vientre al descubierto y balanceándose en todas direcciones. Era la resurrección de la carne, el milagro de los panes y los peces, la trompeta del juicio final, o al menos eso le pareció a Remedios, que había perdido el mundo de vista y estaba galopando hacia un orgasmo brutal, deseosa de que aquel arrebato de pasión no tuviera fin. Oyó la voz ronca de Javier lanzando confusos insultos que no pudo interpretar, se crispó buscando más contacto aún y se corrió poniendo los ojos en blanco, tensando los dedos de los pies, estrujando las sábanas entre las manos y lanzando un balido gutural, de oveja degollada, hasta derrumbarse y hacer que la polla enhiesta saltara como un muelle fuera de su gruta. ¿Te has corrido? Musitó con voz entrecortada después de unos segundos. No, no sé qué me pasa, buscó él una excusa para lo que era ya evidente a ojos y boca de Reme, y era que ya había vaciado la bolsa en otra parte antes de venir a su encuentro. Mejor, porque tengo un regalo para ti, dijo Reme mientras rebuscaba en el bolsillo de su batín y extraía una botellita azul de contenido ignoto. Lo prometido es deuda. Hoy te voy a dar el regalo ...