1. Jugando a ser puta


    Fecha: 15/07/2022, Categorías: Incesto Autor: Kiko, Fuente: CuentoRelatos

    Estaba de pie al lado de la barra de un bar y hablando por mi teléfono móvil fingí que estaba contratando a una chica de alterne.
    
    -Que sea morena, ni gorda ni delgada, buen culo, tetas grande y juguetonas.
    
    Sara Alejandra, mi sobrina, que acababa de llegar al bar, me preguntó:
    
    -¿A quién le estás dando mi descripción, tío?
    
    -A nadie. Le decía a alguien cómo quiero la chica... No son cosas tuyas, S A.
    
    -Me llama S A desde niña. ¿Por qué?
    
    -Por abreviar.
    
    -Era por eso. ¿Y por qué buscas una puta? ¿La tía ya no te da todo lo que necesitas?
    
    Le di las llaves de mi coche, cosa que hacía los sábados, aun sabiendo que no tenía carnet de conducir. Las cogió y me preguntó:
    
    -¿Cuánto estás dispuesto a pagar?
    
    ¿Había picado? Enseguida lo iba a saber.
    
    -¡¿Qué?!
    
    -¿Que cuánto vas a pagar?
    
    -Un máximo de cien euros.
    
    -Me vendrían bien esos cien euros.
    
    Había logrado lo que quería. No era la primera vez que usaba aquel truco y varias veces me diera resultado. Seguí con mi rollo barato.
    
    -¡¿Venderías tu cuerpo por cien euros, S A?
    
    -Y por cincuenta también. ¿Invitas a una ginebra con tónica?
    
    La camarera, una rubia maciza a la que ya me había tirado, y que estaba escuchando, me preguntó:
    
    -¿Se lo pongo? Por cierto, hoy acabo a las doce, si os animáis...
    
    Se me hizo la boca agua. Le pregunté a S A:
    
    -¿Que dices?
    
    -Que cuando estoy con un hombre no quiero que me hagan sombra.
    
    S A le dijo algo al oído a Berta, y debió ser que se otro día le ...
    ... darían una alegría al cuerpo, ya que Berta le sonrió, se dio la vuelta y le preparó la ginebra con tónica. Me sonó el teléfono móvil, lo cogí, era un primo mío, le dije:
    
    -Ya no me hace falta, gracias.
    
    A saber que quedaría pensando mi primo cuando oyó lo que había dicho. Apagué el teléfono, y me preguntó S A:
    
    -¿Ya la tenías preparada?
    
    -Sí. ¿Nos vamos?
    
    -Cuando quieras. Conduzco yo.
    
    Cuando entramos en la sala de estar del piso de mi hija, piso que solo usaba en vacaciones, SA, se quitó la chaqueta, la puso en el respaldo de una silla y se acercó a mí contoneando las caderas, me echó los brazos al cuello, me besó con lengua y después, pegada a mí y oliendo a rosas y sonriendo, me quitó la chaqueta, la puse sobre la silla y me desabotonó la camisa mientras yo le desabotonaba la blusa. Me bajó la cremallera del pantalón, yo le bajé la de la falda. Volvió a rodear su cuello con mis brazos y me besó largamente. Le cogí el culo y apreté su coño contra mi polla empalmada. Me agaché, le bajé las bragas y le olí el coño. Lo olí profundamente para que el olor me quedara gravado en la mente. Me dijo:
    
    -¿Te gusta el olor de mi coño?
    
    -Es delicioso.
    
    Le di la vuelta, metí mi cabeza entre sus nalgas y le olí el ojete.
    
    -¡¿También te gusta el olor del culo?!
    
    -Me gusta todo de ti, bizcochito.
    
    Le lamí el ojete. Abrió las piernas y se inclinó. Lamiendo su ojete le quité el sujetador y magreé sus esponjosas tetas con areolas marrones y gordos pezones. Luego metí y saqué ...
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