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Eva y su hijo Abel (3)
Fecha: 23/07/2022, Categorías: Incesto Autor: Gabriel Vera, Fuente: CuentoRelatos
... sus costillas, contando, sin contar, perdiendo la cuenta y la idea de lo que estaba haciendo, porque empezaba a excitarme otra vez, notaba que mi chocho estaba empezando a mojarse, al estar sentada sobre su polla, me iba acomodando para que los dos gozáramos del movimiento. Pero eso era después. Sus costillas. Su pecho, que otra vez besé y lamí. Abel seguía quieto, mirándome en la oscuridad aliviada ahora porque nos habíamos acostumbrado un poco. No me hacían falta los ojos para estar con mi hijo, pero sí para invitar a que nos viera el deseo. Me levanté y subí la persiana un poco. La luz de las farolas llegaba tenuemente. Volví con él. Su rostro, más definido con la semipenumbra, me miraba sonriente. Se sentó en la cama y me atrajo a él. Me besó, entró con su lengua en mi boca, que esperaba anhelante. Me recorrió la boca y los labios, y él también me marcó como suya cuando se inclinó a mis pechos y me besó los pezones, tirando suavemente de ellos. Se me agitaba la respiración, el frío de la saliva y el calor de los cuerpos me daba la idea de estar en dos lugares a la vez. Volvíamos a besarnos con más pasión, a acariciarnos, sentados frente a frente. Nos acercamos y acomodamos, poniendo él sus piernas alrededor de mí, y yo las mías alrededor de él, por encima, con lo que la polla y la vulva se tocaban. Las manos acariciaban las espaldas, éramos –cómo decía mi primo Gabriel– el animal de dos espaldas. Un solo pensamiento nos llevaba. Ser una sola cosa. Cuánto tiempo nos ...
... estuvimos besando. Qué caricias y a dónde iban. Todas eran bienvenidas, todas llegaban en su momento. Al cabo de un tiempo nos separamos y acostamos. Abel me iba acariciando las piernas y besándolas de vez en cuando, puntuando el camino. Éramos de piel y agua solamente. Llegó a mis pies. Tomándolos en la mano me empezó a lamer los dedos y a chuparlos. Empecé a estirar las piernas, disfrutando de la visión de ellas al lado de mi hijo, que se deleitaba en mis dedos, que entrecruzaba con los dedos de las manos, y su lengua. Luego fue subiendo. Yo fui a su encuentro, y a mitad de camino nos besamos, y volvimos a separarnos para ver los lugares más alejados otra vez. Visité sus muslos, él los míos, estábamos en un espejo, donde todo se repetía, beso a beso, lametazo a lametazo, caricia a caricia. Hice que se echara boca arriba y me fui a su polla. Estaba erguida, pero yo sabía que podía conseguir algo más. Empecé a chuparle la polla, yendo ahora de la cabeza a la base, y sosteniendo otra vez la bolsa, notando el calor que desprendía. Le acaricié el pene, descubrí bien la cabeza y rodeé con la punta de la lengua el borde inferior, que quedó limpio y preparado para volver a mí. Chupé sus testículos, y noté los movimientos interiores, y cómo se iba poniendo tensa toda aquella zona. Él me había ido colocando en posición, y, sujetándome las nalgas, me bajó hasta que llegó mi chocho a su boca. Volvió a abrirme con delicadeza, volvió a recorrer con la lengua mi rajita, antes ...