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La vi crecer (Capítulo 4)
Fecha: 23/07/2022, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos
... dejaría mensajes incriminatorios. Salvo que quisiese que los encuentre, claro. No sé —y hasta ahora sigo sin saberlo— si fue por miedo o por resignación. Pero, de momento, dejé el celular en la mesita de luz. Me subí a la cama, y vi de cerca a Carmen. Dormía plácidamente. El estrés que sufría en su trabajo no se veía reflejado en su rostro. Acaricié sus pequeñas tetas. Pellizqué su pezón. Carmen balbuceó algo entre sueños. Metí la mano en su entrepierna. La bombacha estaba húmeda. Yo no era el único con sueños lujuriosos, por lo visto. El abundante vello del pubis no podía ser cubierto por la tela de la prenda íntima. Me excitó ver esa desprolijidad en la elegante y siempre prolija Carmen. Tironeé de la bombacha. Uno de sus labios vaginales quedó a la vista. Besé su muslo, mientras seguía bajándole la prenda. Di un lengüetazo al labio. Estaba húmedo y sabía a mujer. Luego mis labios se cerraron en el clítoris, presionándolos con rudeza. Carmen despertó, escandalizada. —¿¡Qué hacés, Eze!? No le hice el menor caso. Seguí con mi tarea lingual hasta que sus quejas se acallaron por sus propios gemidos. Deslicé mis manos por debajo de su cuerpo, y me apoderé de su colita de manzana. Magreé las nalgas con violencia, mientras mi boca se empapaba de sus fluidos. Mi nariz se hundía en el frondoso vello pubiano, y mi lengua no dejaba de trabajar sobre el sexo de mi arisca esposa. Carmen no duró mucho tiempo. Luego de unos minutos de intenso labor, me agarró ...
... de los pelos, y cerró sus piernas en mi cara. El orgasmo fue muy intenso para ella. Largó un grito que probablemente fue escuchado por Lelu. Pero yo apenas había empezado. Sin molestarme en ponerme preservativo, la abracé, le di un beso, haciéndola saborear sus propios fluidos que todavía estaban en mi lengua. Ella recibió el beso, asombrada pero obediente. Luego mis labios bajaron por su cuello de cisne, hasta encontrarse con sus lindas tetas. Mis dientes se cerraron en su pezón. Carmen gimió de dolor y placer. Intentó apartarme, pero yo seguía pegado a su pezón, como un vampiro hambriento. Entonces la penetré. Llevé mi mano a su cuello e hice presión. Mientras las penetraciones aumentaban en intensidad, la mano apretaba con más fuerza. —Despacio Eze —gimió Carmen. Al escuchar esas palabras, no hice otra cosa que imprimir mayor presión en su cuello, y ahora con las dos manos. La presión no era suficiente como para causarle un verdadero daño, pero sí para que le quedara en claro quién era el que mandaba ahora. Empecé a darle cortas y violentas embestidas. Carmen se corrió otra vez. Yo sentí mi entrepierna arder. Dejé de penetrarla. Me arrodillé a un costado. Me masturbé en su cara, hasta que unos intensos chorros de semen se eyectaron de mi sexo y bañaron el rostro y el cuello de ella. La agarré de las caderas, ante su silencio sumiso, y la hice girar. —Pará Eze, se va a ensuciar la almohada con tu leche. —se quejó ella, a lo que respondí dándole una ...