1. La vi crecer (Capítulo 4)


    Fecha: 23/07/2022, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos

    ... sonora nalgada. —¿Qué te pasa? —inquirió.
    
    Me había puesto al palo de nuevo. Le di un beso negro, mordisqueé sus glúteos y le di una nueva nalgada. Apunté mi lanza de fuego a su cráter. Agarré sus glúteos y los estrujé, al tiempo que mi verga empezaba a meterse otra vez en esa conchita empapada.
    
    —¡Ay! —gritó Carmen.
    
    Pero yo seguí poseyéndola sin piedad.
    
    Cuando acabé, la dejé en la cama, agitada y confundida. Al salir del cuarto, el celular de Carmen vibró sobre la mesita de luz.
    
    —Atendé, debe ser por algo de tu trabajo —dije, dejándola sola.
    
    Hay verdades que no son necesarias confirmarlas.
    
    XI
    
    ¿En qué momento mi pasajero oscuro me derrotó? Supongo que es difícil ganar una batalla cuando, en principio, nunca se luchó.
    
    En efecto, hacía tiempo había sucumbido a mi duelo interna. Espiar a Lelu, tocarla mientras dormía, besarla cuando cayó rendida ante el alcohol, espiarla en el baño... Todas esas eran señales de que hacía tiempo el hombre decente que alguna vez fui, había quedado enterrado en el pasado.
    
    Como dije al principio, la cuarentena nos obliga a convivir con nosotros mismos, y saca a la superficie ciertas facetas que antes se mantenían ocultas hasta de nosotros.
    
    Con Carmen ahora compartimos esas extrañas e incómodas situaciones que consisten en: yo conozco su secreto, ella sabe que yo conozco su secreto, y yo sé que ella sabe que conozco su secreto, y aún así, no decimos nada al respecto.
    
    De todas formas, yo se lo hago recordar, de manera ...
    ... implícita, cada vez que puedo. Principalmente en la cama, donde, desde hace una semana, soy el amo y señor, y hago con su cuerpo lo que quiero. Carmen, ya sea por culpa o por compensación, desistió de su imposición de sexo monótono y moderado.
    
    Frente a Lelu fingimos tener una relación igual a la de antes. Yo la espero todas las mañanas con el desayuno preparado, y Carmen mantiene su puesto de sargento del orden.
    
    Lelu sigue con su vida de adolescente pseudofamosa. Si hay algo que me gusta hacer, es observarla sacándose fotos, o mejor aún, sacarle una foto yo mismo, para que luego la suba a internet, y después, ansiosa, revisar el celular, viendo el impacto que causan sus publicaciones.
    
    Si hay algo de bueno en estar consciente de que tu matrimonio está llegando a su fin, y no parece tener solución, es que las consecuencias de una infidelidad ya no se ven tan catastróficas. Incluso una traición podría significar la libertad.
    
    Lo malo es que la pequeña Lelu no me da señales concretas de que, si me tiro el lance, voy a ser correspondido. Es cierto que cada vez somos más compinches, y que las citas mientas Carmen está trabajando, se hicieron algo cotidiano, y que cuando pasea por la casa con sus prendas diminutas parece notar la admiración que despierta en mí su figura. Pero aun así, estas cosas, en el mejor de los casos, podrían considerarse un sutil coqueteo de su parte, y nada más.
    
    Aun así sigo empeñado en estar con ella. Las dudas e incertidumbres desaparecieron, ...
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