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Mi amiga Ana
Fecha: 24/07/2022, Categorías: Confesiones Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
Me puse de novia con un chico tres años mayor que yo. Al principio me gustaba la idea de noviar pero no quería pasar de besos, nada de toqueteos y menos coger. Venía de una familia tradicional y siempre me habian inculcado que había que llegar virgen al matrimonio. Con mi mamá hablábamos de casi todo pero el sexo era un tabú. A los dos años nos pegábamos unas franeleadas que me dejaban más que caliente y si bien mi novio (Jorge) me quería meter mano por todos lados, lo seguía teniendo cortito. En esa época tenía muy buen cuerpo, medidas ideales y nada de grasa, era súper deportista y mis abdominales estaban marcados, pelo rubio y ojos verdes. Siempre me decían cosas en la calle, pero yo nada. Cuando terminé la secundaria me inscribí en un Instituto de Educación Fisica, al cual llegaba después de un largo viaje en colectivo que tomaba a las 06:15 de la mañana y ya pasaba casi lleno de gente que iba a trabajar. En los primeros días de cursada conocí a tres chicas que vivían cerca de mi ciudad y empezamos a viajar juntas. Siempre viajabamos “apretadas” y los roces y apoyadas eran moneda corriente. Yo ponía cara de enojada pero la verdad que no sabía de dónde venían las manos. Como me la pasaba puteando, una de las chicas me dice “Ani, no te calentes, no vas a ganar nada o peor, capaz te hacen algo peor”. La verdad es que en ese tiempo de empezar esta etapa me di cuenta de varias cosas, una que despertaba muchas miradas y me decían muchas cosas, sobre todo de mi ...
... cuerpo. Y otra que todas mis compañeras vivían el sexo de una manera más, podemos decir, normal. La cuestión es que a las semanas de empezar, en uno de mis chapes nocturnos con mi novio, le agarré la mano y la puse en mi teta. Tuve una sensación tan linda, estaba muy caliente y le dejé abrirme la camisa y me desabrochó el corpiño para disfrutar de mi primer chupada de lolas. La disfruté como si me hubiera cogido, y esa noche me dormí pensando en qué vendría después. La cuestión es que al día siguiente (nos veíamos todos los días) me desabrochó el pantalón y me mandó la mano en mi cola y mi concha, yo estaba que volaba, no estaba húmeda ni lubricada, me salía agua a raudales de tan caliente que estaba. No podíamos hacernos los locos porque mis papás estaban cerca y no se acostaban hasta que Jorge no se iba, sobretodo mi mamá. A esa altura yo ya le metía la mano por la bragueta y lo pajeaba hasta casi acabar. No voy a entrar en detalles de mi primera vez porque no viene a cuento, si que me encantó y la tengo como una de las más lindas. Pero el echo de ya no ser virgen me sacó un peso de encima, ya no me sentía diferente. Pero lo que empecé a sentir fue que ya nada me era indiferente ni pecaminoso. Respondía con sonrisas los comentarios de mis compañeros y algun profe, y en ocasiones seguía la conversación de manera divertida. Hasta ahí todo era una estructura, mi novio, mi familia, mis amigas, mis compañeras, y así podría seguir. Ya en los viajes en cole, que ...