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El amor de los animales
Fecha: 01/09/2022, Categorías: Confesiones Autor: Charles7, Fuente: CuentoRelatos
Durante los primeros meses de cuarentena, en mi soledad e incertidumbre, hubo momentos en los que estuve a punto de llamar a mi ex y aunque nuestra relación fue horrible, llena de desconfianza, dolor y remordimiento, cuando se trataba de sexo disfrutábamos como animales, esa fue la única razón por la que soportamos toda esa mierda entre nosotros. Así que hice lo que me pareció más saludable, me masturbe salvajemente recordándola. "Julissa" es una mujer de menos de metro setenta, tiene el cabello de un castaño muy oscuro, largo y lleno de risos, tiene un rostro lindo, la nariz ligeramente puntiaguda, los dientes simétricos y un poco amarillos, usualmente con una gran sonrisa y unos ojos negros penetrantes. Tiene caderas anchas, un culo no muy grande pero bien formado, unos senos grandes tibios y salados, con pezones oscuros y anchos. Una hembra hermosa y sensual que hacía que mi sangre se aleje de mi cerebro. A finales del 2019, durante los últimos meses de nuestra relación, hicimos un viaje de trabajo a una isla muy cerca de la costa. Viajamos varias horas en lancha bajo un sol intenso que nos quemaba y nos hacía sudar, ella iba dormida en mi hombro, olía delicioso y tuve muchas ganas de comerme su cuello, pero había muchos testigos. Me conforme con tocarla, tratando de sentir los huesos de su cadera a través de su piel y su vestido. Esa misma noche después de nuestras labores, llegamos al hotel, compartimos habitación con tres compañeros más, con los que ocupamos ...
... dos grandes colchones acomodados en el piso. Julissa y yo nos acurrucamos antes de dormir, le manosee las tetas y nos rozamos a través de la ropa, pero sabía que no podía hacerle el amor sin exponerla ante los demás. Solo le baje las bragas y frote mi pene entre sus nalgas redondas y calientes hasta que eyacule y me quede dormido. A la noche siguiente después del trabajo fuimos a una fiesta en el puerto, después de bailar, beber y lidiar con tipejos que querían tirarse a mi mujer, volvimos al hotel. Mientras caminábamos de regreso ella se chocaba torpemente contra mi brazo, como magnetizada hacia mí, con esa mirada de niña y esa sonrisa nerviosa, como si se le hubiera olvidado como coquetearme y seducirme. Tuve unas ganas locas de hacerle el amor y disfrutar de ella. En lugar de ir a nuestra habitación, fuimos al tercer piso que aún estaba en construcción, las paredes estaban sin enlucir, no había vidrios en las ventanas, ni electricidad. Lo único que nos iluminaba eran las luces amarillas del alumbrado público. Antes del sexo a ella le gustaba que la abrazara y la acariciara. De cierto modo era mi niña y para ella el sexo tenía un significado diferente, algo espiritual o metafísico que le importaba más que la diversión y el placer. Según ella "llegó a un punto en su vida en que no necesitaba sexo" pero si que lo disfrutaba y le ponía empeño. Nos fuimos cerca de la ventana donde teníamos algo más de luz. Como siempre empecé comiéndole la boca, luego el cuello, en el ...