1. Incesto al lado del río del pazo


    Fecha: 07/09/2022, Categorías: Incesto Autor: Kiko, Fuente: CuentoRelatos

    Caía la tarde del que un caluroso mes de agosto. Leonor estaba sentada a la orilla de un río que pasaba al lado de la gran muralla que rodeaba la finca de su pazo. Andaba medio escondida entre unos arbustos. Tenía las rodillas flexionadas, una caña de pescar en la mano y una visera blanca en la cabeza. Atilano, su padre, al verla le dijo:
    
    -¿Pican, Leonor?
    
    Picaban, pero devolvía las truchas al río después de pescarlas. Le respondió con otra pregunta:
    
    -¿Qué haces aquí, papá?
    
    -Te andaba buscando.
    
    Leonor, que era una joven que tenía el cabello negro recogido en dos trenzas, espigada, delgada, de labios grueso, ojos marrones, tetas medianas, buen culo, le dijo:
    
    -¿Para qué?
    
    -Para hablar de padre a hija.
    
    -No hay nada de que hablar. Me cambiaste por Eugenia. Vete.
    
    -No te cambié por nadie. Siempre serás mi princesita. Tuve que casarme con ella, cielo. Sin su dinero para levantar la empresa estaríamos arruinados.
    
    Leonor miró hacia arriba y le dijo:
    
    -Soy la segundona, primero fue mamá y ahora es ella.
    
    -Nunca fuiste, ni eres una segundona cariño. Te quise y te quiero más que a nada en este mundo.
    
    Atilano era un cuarentón, resultón, de estatura mediana y de complexión fuerte. Hacía un mes que se había casado con una viuda rica y de buen ver y Leonor no lo llevaba bien.
    
    Leonor sacó la tanza del río, le metió una lombriz al anzuelo, volvió a echar la tanza al río, y le dijo:
    
    -Un día de estos me voy a hartar, me voy a ir de casa y no vas a saber ...
    ... más de mí.
    
    -Espero que eso nunca ocurra, me moriría si no te tengo cerca de mí.
    
    Leonor se lanzó a la piscina de cabeza y sabiendo que la piscina no tenía agua.
    
    -Si quieres que me quede tienes que hacérmelo.
    
    -¿Qué quieres que te haga?
    
    Puso la caña sobre la hierba, se levantó, le echó las manos al cuello, le dio un pico y le dijo:
    
    -Quiero que me hagas el amor.
    
    -¡¿Hacerte el amor?! ¿Te has vuelto loca, hija?
    
    -No, no estoy loca. Nadie me acariciará el cabello y las mejillas cómo lo hacías tú, ni nadie me mirará con tanta dulzura cómo me mirabas tú cuando lo acariciabas.
    
    -Eso es porque te amo, hija.
    
    -Pues ámame de verdad.
    
    Le dio otro pico. Atilano le quitó las manos del cuello y le dijo:
    
    -No me pidas imposibles.
    
    -Tú solo la quieres a ella.
    
    -Ella es mi esposa y tú eres mi hija, pero por si te sirve de consuelo no le hago el amor, la follo.
    
    Leonor se quedó sorprendida tras oír las palabras de su padre.
    
    -¿¡Es que Eugenia no te deja hacerle el amor?!
    
    Se sentó a su lado y le respondió:
    
    -No, ella solo quiere follar.
    
    -¿Se lo has dicho?
    
    -¿Cómo se le puede hablar de ternura a una bruta?
    
    -Eso es cierto, bruta es. ¿Soy la única mujer que amas?
    
    -Si, te amo solo a ti.
    
    Salió a la luz el lado coqueto de Leonor.
    
    -¿Y siempre seré la única que ames?
    
    -Siempre, princesita, siempre.
    
    Leonor le cogió la barbilla, lo miró a los ojos y le dijo:
    
    -Eres mi gran amor, papá.
    
    -Estás confundida, hija. Tu gran amor lo conocerás ...
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