1. El inolvidable


    Fecha: 08/09/2022, Categorías: Confesiones Autor: esperanza, Fuente: CuentoRelatos

    ... Intimidarlos. Continué con mi pantalón y bajé el cierre lentamente, preguntándole a mi nuevo cliente si estaba nervioso, a lo cual respondió: un poco.
    
    Al estar en panties, le pedí desvestirse y al quitarse la camisa pude ver que tenía un pecho bien marcado, no entendía por qué su timidez. Fácilmente los papeles se podían cambiar y ser él quien me dominara a mí. Continuó con su jean y me pidió que le prestara una toalla para cubrirse. Se la pasé, se tapó y se acostó en la camilla boca abajo. Levantó su cabeza y empezó a observarme por medio del espejo que había en frente.
    
    Inicié rozando mis uñas por la planta de sus pies, continué por sus piernas y al llegar a su entrepierna Mauricio empezó a gemir. Así que seguí por su espalda y pasé por el frente de él para que viera como mi vagina se partía en dos por encima de mis interiores color carmesí. Me miró y preguntó: ¿puedo tocar? - no – respondí en tono alto. Volví a sus pies y me subí encima de él rozando mis tetas en su cola y en su espalda. Saqué la lengua y la pasé por sus orejas, le respiré fuerte y luego puse mi mojada vagina encima de su cola. Mauricio, un poco agitado, empezó a tomar aire más seguido. Me puse en cuatro y me giré de modo que mi cola quedara frente al espejo, pegaba bien mis tetas en su nalga y paraba bien la mía para que él me observara por el espejo. Eso me llenaba de morbo, saber que mis clientes me miraban e imaginaban cosas sucias conmigo. Quería que él también lo hiciera. Disimuladamente subí ...
    ... más mis calzones hacia el ombligo, para que mi vagina se marcara más. Quería masturbarme con la tela de los calzones, también estaba caliente.
    
    Me bajé de la camilla y le pedí a mi cliente que por favor se girara. Pasaron tres segundos y aun no lo hacía. Voltéate por favor, le dije nuevamente - ¿me puedo tapar? – preguntó él. Si tu deseas lo puedes hacer, pero la idea es hacerte un masaje en el pene también. Mi víctima asintió y se giró. Volví a jugar con mis dedos en sus piernas y en su pecho. Estando al lado de su cabeza, bajaba con mis manos por su pecho, para que mis tetas le quedaran en su cara y quisiera chuparlas, mientras lo miraba queriéndole decir que era prohibido. Mi cliente prefería girar el rostro. Para que no me esquivara más, me subí a la camilla y me puse en cuatro, acorralándolo con mis manos y mis pies.
    
    Empecé a acariciar sus testículos y noté que su pene aún no estaba erecto. Lo cogí y me di cuenta que tenía una verga tan diminuta que no alcanzaba a notarse su erección. Lo miré a los ojos y estaba un poco sonrojado. Le sonreí y le susurré: tranquilo. Con una mano se lo cogí; exactamente con el dedo índice y el pulgar, era tan pequeño que si lo cogía con tres dedos se desaparecía en mis grandotas manos. Y con la otra mano, exactamente con los mismos dos dedos, empecé a hacer círculos alrededor de su glande, bajaba y subía su prepucio con los dedos y lo halaba hacia arriba. De pronto pasé un seno por su penecito y luego el otro. Sin darme cuenta Mauricio ...