-
Un Camión de sorpresas
Fecha: 10/09/2022, Categorías: Confesiones Autor: mariano9a30, Fuente: RelatosEróticos
... recibieron la mitad llena de miedo, la mitad llenas de fío. Sus caricias comenzaron a descender suavemente hasta que se topó con mi pene erecto, y cual sería mi sorpresa cuando sentí que me estaba haciendo una pajita. Con el efecto que causó en mí aquella nueva sensación al sentir sus bigotes rasposos que me lijaban nuevamente el lóbulo de la oreja, y la piel de gallina causada por el cosquilleo estaban mostrando la evidencia porque en cierta forma me sentía complacido. Al punto que se me salieron dos exclamaciones de placer. – ¿Viste,? yo te lo advertí que te iba a gustar – Una sensación de conflicto interno se apoderó de mi ser. Eran el prejuicio contra la atracción. Tibio, palpitante, muy grueso, mucho más largo y muchísimo más divino lo sentía gozando entre mis piernas. Así se fue alejando el frío y le fui agarrando el gusto al arma punzo penetrante que me restregaba, y en la medida que comenzaba hacerme suyo me sentía más a gusto. – Menea ese culito para gozarte mejor caperucito – Mis piernas y mis nalgas lo estaban recibiendo placenteras y mucho más cuando comenzó acomodar mejor la cuestión. Comenzó a acariciarme la barriga, a sobarme los pezones con sus gruesas manos. Me acarició deliciosamente el pene y comencé a sentir que me estaba yendo. Cuando sintió mi leche derramarse entre sus manos me dijo al oído – Yo te advertí que te iba a gustar. Sentí morir por un instante, me dio tristeza pensar que todo podría terminar allí. Apenas estaba comenzando la ...
... función. Con mi propia leche me lubricó el huequito, su intruso dedo se acomodaba preparando el camino de la entrada. Nuevamente el miedo se apoderó de mí, por un momento estuve tentado a tratar de escapar, pero sus manos y sus dedos operaban con maestría. De esa manera comenzó a excitarme de nuevo, pero de una manera diferente a todo lo que pude haber sentido antes en mi vida. Es un placer pasivo, que me gratifica internamente como receptor. Si, debo confesar que me había seducido. Estaba tan a gusto sintiendo toda aquella virilidad a punto de adueñarse de lo más profundo de mi cuerpo, y sin embargo; el miedo a que me gustaran demasiado sus caricias ya había sido superado. El miedo a que pudiera mantarme, mucho más se había disipado. El miedo al dolor, lo estaba superando el deseo de seguir experimentando este mundo nuevo que este desconocido abría dentro de mí. Parece que a él también le estaban gustando mis nalgas porque mientras más me las acariciaba más grande, grueso y duro se le estaba poniendo hasta que llegó el momento sin retorno, le había cogido demasiado gusto al asunto. Sentí que ya tenía muy bien lubricado el chiquito, con su dedo tan sabroso me lo había dilatado lo suficiente para recibirlo. Sentía una sensación tan divina que me provocaba darle un beso. Me había lubricado hasta muy adentro, su dedo era más grande que mi pene. Al menos lo sentí inmenso mientras lo movía tan gracioso allá muy dentro mi. Solo sentía cada vez más la necesidad de que me lo metiera ...