1. Mi primera vez como chica


    Fecha: 27/09/2022, Categorías: Gays Autor: Sasha Slut, Fuente: CuentoRelatos

    Todas las mañanas me practico un enema y me coloco el plug anal que lo llevo durante el día insertado en mi culito. La sensación es exquisita y una nunca sabe, lo mismo ligo y ya lo tengo dilatado y dispuesto... Muchas veces el principal obstáculo para negarse a ser enculada es el hecho de no llevarlo limpio y no estar dilatada para una verga. Yo suelo jugar en mi intimidad con dildos -cuando no tengo quien juegue conmigo- y he adquirido práctica para ser receptiva con cosas extra grandes. Pero antes de continuar, me presento.
    
    Mi nombre es Annia Katherine, soy un chico gay-travesti bastante afeminada y muy caliente, me fascina el sexo y las prácticas pervertidas a las que ellos están acostumbrados. No tengo pareja fija y me gusta frecuentar sitios de alterne, intercambio, saunas y hasta hacer cruising, aunque tú no sabes bien con lo que te puedes encontrar, la emoción suele ser fuerte y convincente. Tengo 23 años y trabajo en un centro de belleza, soy estilista y maquilladora y muy buena en la cama. Reconozco que soy bastante putita y me da mucho morbo ser penetrada por desconocidos. Estoy muy bien dotada, pero lo considero un enorme clítoris, pues mi motivación siempre fue ser mujer. No me he operado los pechos ni me hormono, soy sencillamente Annia Katherine, una chica travesti muy atractiva.
    
    Me inicié a los 18. Yo tenía bastante afición a las labores de campo y mis tíos tenían una pequeña finca donde solía ir de vacaciones. Ellos tienen dos hijos, Claudio, el mayor y ...
    ... Bernardo de mi edad. A mí me gustó siempre Bernardo. Es un chico muy ingenioso y guapo, en esa época se dejó una barba deliciosa que adoré y por las noches nos íbamos al río pero nunca me atreví a confesarle mi amor, ni él a mí. Me gustaba tanto que a escondidas me robaba sus bóxer y me masturbaba con ellos. Claudio, por el contrario siempre me miró con deseo. Tenía entonces 29 y yo como digo, 18.
    
    Esa tarde Claudio y yo nos quedamos solos. Sus padres y Bernardo se marcharon a la ciudad a traer cosas para el campo y como a las dos llamaron para decirnos que el coche se había estropeado y que volverían al día siguiente. Claudio no se esperó a que anocheciera.
    
    Mi primo tenía que limpiar el potrero y yo muy presta lo ayudé. Con el calor que hacía, Claudio se quedó en calzoncillos y mis ojos se plantaron en sus bellos abdominales y en el monte que desafiaba con romper la tela de esos calzoncillos. Me deshice en transpiración hasta que él se dio cuenta. Hasta entonces solo me había metido los dedos por el culito y eso sí, sabía muy bien de qué iba la masturbación compulsiva. En un día podía hacerme cinco o seis pajas. Pero nunca había tocado otra verga que no fuera la mía.
    
    Finalmente, Claudio -dándose por enterado que babeaba por ver su rabo, se sacó los gayumbos y su enorme empotrador saltó, mostrándome unos cojones gordísimos y un falo tremendamente grueso y venoso. Yo casi me muero del susto y de la emoción.
    
    Entonces se aproximó hasta donde estaba y me ordenó que se ...
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