1. Por jugar con fuego (Parte 2)


    Fecha: 16/10/2022, Categorías: Confesiones Autor: acuarela, Fuente: CuentoRelatos

    Hola de nuevo, soy Maribel y os quiero contar lo que pasó la noche que cenamos con Fernando, el argentino cliente de mi marido, haciendo una cena muy caliente, a base de dejarle ver mis pechos a través del escote de mi blusa.
    
    Salimos del restaurante, con la promesa de Fernando de no mostrar a nadie la foto en la que se me podía ver mi pecho, aureola y pecho incluidos, solo nos había puesto una condición: Tomarnos una copa en un local cercano que era de un compatriota suyo y se había comprometido en pasar a saludarle.
    
    Ernesto, me dijo al oído:
    
    -No te preocupes por la foto, estoy seguro que Fernando la borrará cuando estemos tomando la copa.
    
    La verdad es que mi preocupación era relativa, por una parte me daba mucha vergüenza que pudieran ver mi exagerado escote, pero por otra estaba demasiado excitada como para preocuparme por eso. En ese momento, lo que me apetecía era dejar a Fernando e irme a casa con Ernesto para follar todo lo que quedaba de noche, recordando la cara de Fernando al verme los pechos a través del escote.
    
    Cuando entramos al local, había un ambiente raro, parecía un pub normal, pero se podía respirar morbo en el aire: los vestidos de las señoras eran sexys, escotes minifaldas, rajas en las faldas, medias, tacones, en fin, se palpaba el sexo en el ambiente nada más entrar.
    
    Fernando preguntó por su amigo Arturo y la relaciones públicas, así se presentó, nos invitó a seguirla.
    
    Si la entrada era caliente, el salón a donde pasamos era el ...
    ... infierno. Parejas metiéndose mano sin ningún recato, mujeres en ropa interior, felaciones, dos hombres metiendo mano a una señora...
    
    Mi marido me dijo al oído:
    
    -Nos tomamos la copa, hacemos que borre la foto y nos vamos. Relájate que es cuestión de unos minutos más.
    
    Con un gesto le confirmé su plan, pero sin dejar de mirar cada una de las escenas que podía ver en cada rincón del salón.
    
    Le dije a Ernesto: ¿este local que es? ¿Una casa de putas?
    
    Mi marido levantó los hombros, indicando que no sabía nada, pero Fernando enseguida nos tranquilizó.
    
    -Es un club liberal, aquí vienen las parejas a ver a dejarse ver, a tocar a dejarse tocar a hacer intercambios de parejas, pero no os preocupéis en estos sitios no pasa nada que no quieras que pase. La principal norma es el respeto y aquí NO es NO.
    
    Llegamos a la mesa de Arturo, el amigo de Fernando, estaba con su pareja en una mesa que quedaba por encima de todas las demás con lo que tenía una visión de todo el local y podía controlar que no hubiera ningún patoso que incordiara y arruinara la noche.
    
    Después de las presentaciones de rigor, nos sentamos los cinco, solo me quedé un poco extrañada que al preséntame a su mujer, Ana, se acercó y me dio suave beso en los labios. Nunca me había besado una mujer y me recorrió un pequeño calambre por todo el cuerpo, en un principio, supuse que fue por inesperado, pero la cabeza siguió centrada en la experiencia y me hizo llegar a la conclusión que me había gustado.
    
    El asiento ...
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