1. Uf, esa boda (Parte 2)


    Fecha: 17/10/2022, Categorías: Incesto Autor: Dark knight, Fuente: CuentoRelatos

    Mario ha acudido a la boda de su hermana menor en el lujoso hotel de la localidad donde viven sus padres, en compañía de su novia Elena. Ahí se encuentra con su prima Magda, a quien tiene más de 20 años de no ver. El encuentro produce chispas que orillan a que sucedan cosas por debajo de la mesa sin que el esposo y la novia de ambos lo sospechen. Esta es la segunda parte de esta historia.
    
    Espero que la disfruten.
    
    Con una casi imperceptible agitación en el tono de su voz, Magda le dijo a su esposo casi gritando para hacerse escuchar por sobre el estruendo de la música
    
    - Tengo que regresar a la habitación. ¿Puedes acompañarme?
    
    - ¿Qué te paso? – Dijo Julio extrañado aunque aún con su voz pastosa.
    
    - Nada malo, sólo necesito ir a retocar mi maquillaje. Estuve sudando en la pista de baile y no me siento cómoda…
    
    - Para mí te ves muy bien. – Dijo Julio
    
    - Anda, sirve que te acuestas a descansar un poco. – Insistió mi prima.
    
    - No. Yo estoy bien. No te preocupes. Me da flojera subir hasta el onceavo piso.
    
    - Si no nos vamos a ir por las escaleras. Sabes que este hotel tiene elevador, ¿verdad?
    
    - No, cariño. Que te acompañe tu primo si no te molesta. – Dijo volteando a verme. Yo sólo encogí los hombros en señal de que no me molestaría hacerlo.
    
    - Julio, sabes que odio que te pongas así…
    
    - Y yo odio que te pongas en papel de mi mamá. Ya te dije que estoy bien.
    
    - Bueno, tu sabrás. – Dijo Magda ya molesta y se levantó para retirarse. Yo decidí seguirla a ...
    ... una prudente distancia.
    
    Cuando finalmente llegamos al área de los elevadores, me sonrió y se disculpó por haber presenciado el connato de bronca con su marido. Le dije que no se preocupara, que lo entendía y la abracé con suavidad. Ella recargó su cabeza en mi hombro y nos quedamos así hasta que el ruido de las puertas del elevador nos devolvió a la realidad.
    
    Entramos en silencio y ella presionó el número 11 mientras batallaba un poco con los botones. Estábamos nosotros dos solamente e hice el cálculo mental de que 11 pisos en un elevador pueden ser todo lo necesario para romper barreras y preparar el terreno para algo mas. Sus labios se veían apetitosos y los montes de sus pechos se elevaban como desafiándome a escalarlos. Sería un interesante paseo…
    
    Cuando las puertas se estaban cerrando, llegó una señora de unos 60 años o tal vez un poco mas apurada y se metió al ascensor con nosotros.
    
    - Al 17 por favor. – Le dijo a Magda, quien amablemente presionó el botón de ese piso.
    
    Yo mascullé una maldición por dentro, pero seguí sonriendo mientras el ascensor se desplazaba hasta nuestro piso. Durante este tiempo, nuestras miradas se cruzaban inquietas con esas sonrisas forzadas que solo sirven para llenar los espacios incomodos entre las personas.
    
    Cuando llegamos al piso 11, Magda salió apresuradamente y yo le seguí haciendo un gesto de despedida a la inoportuna señora que se quedó en el ascensor. Llegamos a su habitación, 1128 y le sonreí.
    
    - Aquí te espero si ...
«1234...»