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El demonio de Saint Clare (Capítulo ll)
Fecha: 05/11/2022, Categorías: Incesto Autor: Zippo., Fuente: CuentoRelatos
Los días marcharon como siempre, al menos a mi alrededor. Mi mente era un completo desorden; una parte de mí me sugería liberar al demonio, entregarme a él... Al fin y al cabo yo lo había provocado; la otra me animaba a luchar contra mí misma, a no volver a probar de dicho fruto. En mi mente redundaban las palabras de mi hijo: "Relájate mamá, sólo has atrapado a tu hijo mayor masturbándose." Era verdad, le estaba dando más importancia de la que requería en aquél entonces. Con tres hijos varones en casa, encontrar a alguno de ellos dándose placer era de esperarse. Aun así, mi cuerpo, mente, y alma, reaccionaban ante memorias prohibidas. Reflexioné y resolví ignorar este tipo de pensamientos y hacer como si nada. Noche tras noche experimenté lo complicado que era resistirme a mis propios deseos. La imagen de mi hombrecito mayor desnudo predominaban en mi mente cuando hacía el amor con mi esposo, incluso cuando, a escondidas, visitaba a mi amante para disfrutar un poco de lo peligroso que era. Tener un orgasmo, tanto con el portador del mismo anillo de matrimonio que el mío; como con el hombre que termina de abastecer mis necesidades, no es un problema... Pero me aterraba pensar que desde hacían varios días, todas las veces que me corrí fueron inspiradas por mi hijo. Dos semanas más tarde me encontraba sola en casa. Había quedado en ir a casa de mi amante y tener sexo salvaje, mi conyugue no llegaría hasta el comienzo de la siguiente semana así que no sería ...
... problema. Después de un agradable momento de relajación en la piscina, subí para darme un buen baño. El agua caía sobre mis cabello, cuales adheridos a mi espalda conducían el agua hasta mis nalgas. Mis manos; una de ellas estrujaba mis senos; la otra frotaba con ganas mi enrojecido coño, alimentando mi pecado mientras me imaginaba siendo follada por mi hijo; cuando de pronto... —Buenas tardes mamá. La voz del protagonista de aquella película porno que reproducía mi imaginación, tomó parte en la escena más allá de la fantasía. Por poco y toco el techo con mis manos del brinco que di por el susto. Sorprendida, molesta, y confusa, después de reclamarle por invadir mi privacidad, le pregunté, ¿Qué hacía en mi baño? Encontrar a tu hijo masturbándose es una cosa, que él te sorprenda a ti haciéndolo es otra muy diferente. —Pagar con la misma moneda no es pecado; dijo del otro lado del panel de vidrio que nos separaba. A diferencia de ti. —Complementó, yo sí admitiré que me ha gustado lo que he visto. Una vez más su voz me sumía en un trance, sin poder pensar correctamente. ¿Cómo qué lo que has visto? —Le pregunté... ¿Cuánto llevas viéndome? El pudor me arropó por completo. Sin embargo, era incapaz de pedirle que se marchara, en el fondo quería llegar hasta dónde él quisiera. —¿! Qué haces!? Exclamé al ver, a través del cristal difuminado, su silueta desvistiéndose. Cuando terminó, caminó hasta deslizar lo único que nos separaba. Aquél hormigueo que ...