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Compartiendo a mi prima en Año Nuevo
Fecha: 06/11/2022, Categorías: Incesto Autor: Covid, Fuente: CuentoRelatos
... como mi estado me permitía. Busqué en todos los lugares posibles: tras los arbustos, tras la casa de las gallinas, en el molino, en la bodega y no los encontré. Solo quedaba un lugar por buscar: la vieja camioneta Silverado del 98, propiedad de mi tío de la cual Daniel tenía acceso a las llaves. Me acerqué con cuidado al rincón de la casa en donde estaba estacionada la camioneta y me asomé desde la ventana de atrás. Ahí los vi en el asiento. Daniel sentado con los pantalones abajo y Laura sin calzones, con el vestido levantado dándose de sentones sobre su verga. Era clarísimo que él estaba muriéndose de placer, no sabía qué hacer con sus manos. De repente le frotaba las nalgas, después le metía la punta de su pulgar en el ano, le pasaba la mano por el frente para acariciarle el clítoris, le agarraba los pechos con ambas manos o le jalaba el cabello. Por momentos ella volteaba ligeramente y con una sonrisa perversa en los labios le decía cosas que no pude distinguir, mientras seguía brincando con fuerza sobre su pene. Sus enormes glúteos vibraban y chocaban en cada embestida hasta que dejó de brincar y comenzó a mover su cadera en círculos hacia un lado y hacia el otro para luego enterrarse con más fuerza ese miembro. De pronto Daniel empezó a retorcerse y a moverse también. Supe que se estaba viniendo pero Laura no se levantó, seguía moviéndose y diciéndole cosas. Yo no me estaba tocando y aun así sentí que me corría ante esa escena. Aunque la camioneta estaba ...
... cerca de la orilla y se veía perfectamente desde la carretera no me importó la posibilidad de que alguien me viera y empecé a masturbarme. En apenas unos segundos dejé caer un chorro de semen en la tierra justo después de que Daniel expulsara uno igual o mayor dentro de Laura (según supuse). Pensé en ver todo el acto, incluso consideré intervenir e intentar un trío pero estaba muy ebrio y no quise arruinarlo así que miré un minuto más y me fui con el mismo sigilo. Tras algunas horas de sueño, después de haber preparado las cosas para regresar a la Ciudad de México, y aún con resaca pude hablar con Daniel frente al columpio. -Lo hice güey, me la cogí riquísimo -Ya sé, sí los vi en la camioneta, culeros -le dije y me reí -¿En serio? No me di cuenta -No te hubieras dado cuenta ni del fin del mundo con ese culote dándose de sentones… -No mames estuvo increíble, me vine adentro de ella y no se detuvo, estuve a punto de gritar, nunca había sentido algo tan cabrón, sentí que me iba a morir. -Jajajaja no mames - Si güey, luego me la cogí de perrito y al final me la chupó y se los tragó -Hijo de la verga, a mí nunca me dejó venirme dentro ni se los ha tragado -Pero tú te la puedes coger mucho más seguido -Pues sí, eso sí -Te rifaste güey, gracias, te debo una. Me reí y le di una palmada en la espalda. Me sentí de algún modo satisfecho y feliz de que por mi influencia Daniel hubiera tenido la mejor cogida de su vida. Claro que también pudo haberlo ...