1. Y después fue mi suegra


    Fecha: 09/11/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: MikeFed, Fuente: CuentoRelatos

    Cuando tenía 20 años y a raíz de tener fuertes dolores cuando se me paraba la pija, concurrí a un urólogo. Atendía en su consultorio particular, en un edificio del centro. Llegué y una mujer de unos 30 años, que oficiaba de secretaria me recepciono, y me invitó a sentarme ya que el Dr. estaba con un paciente. En el lugar solo éramos ella y yo. Miraba mi celular mientras esperaba, y noté que ella me miraba con insistencia.
    
    En esa época yo todavía competía en natación de aguas abiertas. Mido 1.90 m, y obviamente por el entrenamiento tengo muy buen cuerpo. Pasaron 5 minutos y el Dr. me hizo pasar. Le comenté mi problema, me dijo que no me preocupe, que no era nada grave. Me pidió que me baje los pantalones y el bóxer y me acueste en la camilla para examinarme.
    
    “Bien, a simple vista no hay nada grave. Voy a hacerte un estudio muy simple, y luego te voy a medicar. Obviamente el tamaño influye. ¿Vos entrenas, haces algún deporte?” Me preguntó. Cuando le conté, el me comentó que suele pasar en las personas que compiten y en ese momento entró la secretaria. En donde yo estaba no llegaba a verme. Se quedó en el consultorio mientras el Dr. me hizo el estudio.
    
    “Tranquilo, es como pensaba. Muchos muchachos, con penes como el tuyo, de 20 cm. O más, y con entrenamientos de alto rendimiento suelen tener este problema. Vestite.”
    
    Me vestí y cuando me fui a sentar a su escritorio nuevamente, y la secretaria me miró sonriendo. El médico me indicó que tome unos comprimidos, que ...
    ... trate de no tener erecciones y que vuelva en una semana. Cuando volví a la semana, la secretaria me miraba en forma mucho más directa, y sobre todo a mi entrepierna. El médico me hizo algunas preguntas, me indicó que siga tomando los comprimidos y que deje pasar unos días y que vuelva a tener relaciones. Lo debía volver a ver una semana después.
    
    Cuando me iba, la secretaria me alcanzó un papel doblado y me dijo con una sonrisa:
    
    “Carlos, aquí tiene anotado su próximo turno. Cualquier cosa, no dude en llamar.”
    
    Mire el papel, y estaba anotado su nombre, Clara, y un número de celular. Lo volví a doblar y la mire. Ella se mordió el labio sin que los pacientes que esperaban la vean, me guiño un ojo.
    
    Cinco días después, la llamé y quedamos en encontrarnos al atardecer en un bar. Cuando llegó al bar, estaba con un vestido muy entallado, por lo que su figura se marcaba perfectamente. Si bien era baja, no más de 1.60, su cuerpo era hermoso.
    
    Nos sentamos, charlamos tonterías, aboné, y sin que hiciera falta decir nada, salimos del bar, subimos a mi auto y fuimos a un hotel. Fue entrar a la habitación que ella me quitó la camisa, y comenzó a acariciar y besar mi pecho. Mientras lo hacía se fue sacando el vestido y la ropa interior. Cuando estuvo desnuda, me quitó el pantalón y el bóxer.
    
    Fuimos a la cama, me acosté y ella se puso de rodillas para chuparme la pija.
    
    “Siempre soñé esto, acostarme con un gigante como vos, con una pija así.” Dijo y comenzó a chuparme. Lo hacía ...
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