1. El nacimiento de una maricona


    Fecha: 10/11/2022, Categorías: Gays Autor: Thotem, Fuente: CuentoRelatos

    Era una etapa en mi vida en la que estaba confuso, había roto con mi novia, no tenía clara mi condición, con apenas 20 años hice un paréntesis en mis estudios para cabreo de mi madre, incluso parecía que me reprochara mi manera de ser y no solo ella, los amigos me apodaban el medio mujer, por ese aire andrógino que tengo, las facciones suaves y mi pelo rubicundo. Me buscaba y no me encontraba. Decidí ir a la aventura y en el primer trabajo que se me presentó lo acepte. Mi madre era todo despecho hacía mi persona, me sermoneó con el clásico “los estudios, para ser un hombre de bien”; en cambio mi padre como si las palabras le explotaran en la boca decía “ahora sabrás lo que es trabajar”. No era para menos, estaba decidido a embarcarme en un carguero, sin haber trabajado en mi vida.
    
    El primer día me presenté con mi petate a la espalda, el capitán, de unos 60 años, con un bigote de foca y mirada perruna me ayudo a bajar a camarote pequeño donde me mostró mi litera. Tendría que compartirla con otro compañero, era todo el personal de a bordo, no requería más gente una vez cargadas las mercancías solo bastaba vigilar, como me dijo el capitán, un trabajo que dentro de lo que cabe en la marinería no era muy duro.
    
    Las primeras palabras de mi compañero fueron “vaya, un rubiales” con tono seco y metálico, sin tan siquiera darme la mano a modo de deferencia y lo que me incomodo algo, fue esa mirada inquisitiva a mi persona, sus ojos me escrutaban de arriba abajo tras las gafas ...
    ... de sol de cristal ahumado. Tendría unos 40 años y me ganaba de una cabeza en estatura, llevaba barba de varios días y usaba pendientes de aro, sus facciones eran rudas; sus brazos estaban tatuados; de su pecho salía vello, como si con eso equilibrara su cabeza rapada al cero; era de espaldas anchas, fornido y llevaba pantalón vaquero muy ajustado, por lo cual marcaba bulto.
    
    Estábamos en plena mar, la brisa marina y el olor a salitre y a grasa de barco se me hacían extraño, aunque lo más difícil de llevar era esa sensación de movilidad del suelo. Estaba cansado, había revisado como me había mandado el capitán los amarres de las mercancías. Mi compañero no me había quitado ojo mientras estuvo en proa hasta que se fue a revisar motores. Su mirada era lateral tras los cristales ahumados, transpiraba a mares, en un momento se secó la cara y me di cuenta de que uno de sus ojos era de cristal.
    
    Se hizo la hora de la ducha, estaba rendido y tras haberme duchado me tumbé en mi litera con los slips largos, hacía calor. Oí sonidos del camarote del capitán y la ducha la cual estaba usando mi compañero. Su ropa estaba desperdigada sobre su cama. Se abrió la puerta y entró completamente desnudo, su pecho era velludo, de entre sus piernas bamboleaba un pene de considerables dimensiones y sus testículos eran grandes y colgantes, así como un vello púbico abundante. Me sentí algo incómodo, por su parte él se desenvolvía sin ningún complejo. Retiró sus trastos y se tumbó en la litera y me ...
«1234...»