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Infringí las normas del hotel
Fecha: 13/11/2022, Categorías: Gays Autor: womanpenelope, Fuente: CuentoRelatos
La pequeña recepción permanece con la puerta abierta y por ella se cuela una ligera brisa fresca en esta tarde de verano. Rubén intenta aprovecharla mientras revisa las cuentas del hostal. ¿Están todas las facturas pagadas? ¿Por qué el pedido de magdalenas solo tiene sabor a plátano? ¿A quién le gustan los muffins de plátano? Está cansado, pero aún le quedan unas horas de trabajo. Mira el reloj. Los chicos de la habitación 9 se retrasan. Habían asegurado que iban a llegar antes de las siete de la tarde y ya son y cuarto. Rubén suspira y reza para que no aparezcan a las doce de la noche. No quiere quedarse hasta las tantas. Sin embargo, como si alguien hubiera escuchado su deseo, una voz le saluda desde la puerta. Allí están, al fin, y con una disculpa por llegar tarde. Eso no es habitual y lo agradece. Lo tendrá en cuenta, siempre tiene en cuenta cuando un cliente se porta bien. Luis y Xoán, apunta los nombres mentalmente. Lo bueno de un hostal de apenas diez habitaciones es que puede aprenderse los nombres y dar un trato más personalizado; los clientes alucinan cuando ven que los recuerdan. Les informa de cómo llegar a la habitación (subiendo las escaleras o en la primera planta por ascensor, a mano derecha) y les da un mapa de la ciudad por si quieren a hacer turismo. Les avisa de que solo tienen una cama, como habían pedido, y ambos sonríen agradecidos. Rubén sonríe también, no por la inercia que le da su trabajo de recepcionista, sino porque realmente le ...
... inspiran cierta simpatía. Son guapos, tienen ese brillo en los ojos de la ilusión del primer viaje en pareja. No hace falta que se lo digan, ya lo ha visto muchas veces. Rondarán más o menos su edad, menos de treinta y cinco, seguro. Cuando Luis y Xoán se suben en el ascensor, Rubén aún mantiene la sonrisa. Sin querer pero consciente de lo que se va a encontrar, dirige la mirada a las cámaras de seguridad. Allí están, comiéndose a besos en el ascensor. La mano de Luis baja por la espalda de Xoán y lo agarra del culo mientras este le muerde el cuello. Casi puede oír el gemido a través de la pantalla. Pero el trayecto es corto y las puertas se abren. Luis y Xoán caminan por el pasillo y desaparecen en su habitación. Rubén tiene que volver a las cuentas del hostal. Observa los papeles ante él sin saber por dónde empezar. Ha perdido el hilo por completo, pero no es el único problema que tiene: una erección palpita en sus pantalones. Puede tomarse un segundo de descanso. Así que saca el móvil y abre la aplicación de la careta amarilla, esa que casi nadie admite usar pero que casi cualquier tío gay suele tener instalada en su móvil. Mientras recarga la lista de usuarios cercanos, comprueba los mensajes sin leer: El pesado de siempre al que no sabe por qué no ha bloqueado; el chico majo que siempre le da largas para quedar pero con el que sigue hablando; una polla sin nombre, sin saludo y sin cara… Nada interesante. Aunque la polla está bastante bien. Uno de los ...