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Mi hija y yo somos yo y mi hija (2)
Fecha: 29/11/2022, Categorías: Incesto Autor: Gabriel Vera, Fuente: CuentoRelatos
A la mañana siguiente, después de vestirme con cuidado, porque se le iba la mano a escoger braguitas sexis y a mi vulva, para seguir tocando aquello, fui al baño, y allí estaba, sentado en el váter, cuando llegó mi hija. Se repitió la escena de todos los días, sólo que ahora quien leía el periódico era una chica joven. Cómo cambia el cuento, geishita. Desayunamos y salimos juntos; como habíamos acordado, esperaríamos a que mi mujer y mi hijo hubieran salido para volver a casa. Llamó mi hija a la academia y a mi trabajo, informando de la «enfermedad», con las indicaciones que yo le di. Cuando vimos que la costa estaba libre, volvimos a casa. La verdad es que no podíamos hacer gran cosa, porque no teníamos ni idea de la causa del intercambio ni la manera de devolvernos a nuestros cuerpos del día anterior. Vi que Yuri se iba a su cuarto mustia, tristona, porque esta situación era una locura. Fui a hablar con ella, porque qué otra cosa podía hacer. —Veo que estás mal, Yuri, y es natural. ¿Te acompaño? —Sí, papi, no es para menos, ¿no? Estaba pensando en que de repente se me han echado años encima, soy un hombre, no tengo ni idea de qué me podía suceder en la vida, y aquí estoy, tirada en la cama de una chica que ya no existe. —Bueno, bueno, existe ahí dentro, y seguro que recupera su sitio, ya verás. Empezó a llorar. Era raro verme llorar, un hombre hecho y derecho. La abracé y comencé a hablarle bajito, al oído, a ver si se calmaba. Le expliqué que algo ...
... positivo tenía la transformación, porque yo me podía poner en su sitio (no le dije cómo me había puesto por la noche), y siempre se podía aprender de lo que nos ocurría. En fin, tampoco era nada novedoso, pero yo trabajo en la industria ligera, no se me pueden pedir psicologías. Ella parecía más calmada, o por lo menos había dejado de llorar. Estábamos en su cama, un hombre abrazado por una chica que lo consolaba. Me miró con una cierta preocupación; me contó de la noche, y su madre, y cómo había conseguido escurrir el bulto. Dijo eso y le aumentó la expresión de preocupada. —¿Qué es esto que noto? ¿Es normal esto? — y se tocó la entrepierna. Se ve que el contacto con una chica había hecho reverdecer el viejo tronco, la memoria corporal había actuado, despertándose desde los oscuros lugares de la estructura nerviosa… En realidad quiero decir que tenía una erección de cuidado, y, como es lógico, siendo la primera que tenía ella, era para estar mosqueada. Le expliqué que no había nada que temer, la normalidad del caso, que era señal de estar sano… Miré el bulto y, sí, sano estaba. Lo toqué, como si no fuera cosa mía. —¿Te gusta? Asintió con la cabeza, y bajó la mirada. —Ayer, con mamá, algo raro noté, pero pensé que sería el miedo, no estaba yo para nada, compréndelo. —Pues es algo muy natural, Yuri, —y froté un poco mi miembro, ahora con perspectiva. Como que a mi se me estaban levantando también las ganas de seguir así abrazados y hablando de este asunto. ...