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Mi hija y yo somos yo y mi hija (2)
Fecha: 29/11/2022, Categorías: Incesto Autor: Gabriel Vera, Fuente: CuentoRelatos
... Me acerqué más a Yuri y, susurrando, susurrando, le fui explicando que tendríamos que llegar a un arreglo con su madre para que no notara nada, así que a lo mejor había que practicar un poco antes, por si se presentaba la ocasión, para que no nos fuera a pillar (iba a decir en bolas, pero me contuve) desprevenidos. Seguro que no, que no tendríamos que llegar a ese extremo, pero… Se me quedó mirando un momento, seria, o me quedé mirando serio. Yo me entiendo, y espero que el lector también. —¿Me ayudas? —no sé qué hacer. *** Le dije a papá, y la verdad es que sí lo sabía, pero tenía que fingir un poco. No podía ir proponiéndole a mi padre que nos echáramos un polvo sin más. Seguro que había estado manoseándome el cuerpo. Yo me había quedado con las ganas, lo confieso, de probar mi pene, pero me había dado no sé qué. Al decirle me ayudas me acurruqué más a él, y acerqué mi boca a la suya. Estábamos tan cerca que respirábamos el aire a medias, creo yo, porque nos faltaba el aire de repente. Se fue acercando con mi boca y me besó, suavemente, eso sí. Qué gustito me llenó en un momento. El pene, que se había quedado algo decaído subió otra vez y parecía dispuesto a hacer algo no muy preciso, pero sí reconocible, creo. Me metió mi lengua pequeña en su boca grandota, y empezó a pasearla por allí dentro. Esto me sorprendió, pero si había que ir por ahí… Le cogí el tranquillo a la actividad, que enseguida empecé a practicar con alegría. Después de los besos, ...
... comenzamos a acariciarnos. Qué extraño estar usando otras manos para darse gusto en el anterior cuerpo. Verme excitada en dos lugares me excitaba todavía más. El pene chocaba con el pantalón, así que poco a poco me fui despojando de la ropa, como hizo papá. Me había visto anoche, pero no tan preparado para el combate como ahora. Desnudos, empezó a besarme el cuerpo entero, y a guiarme por los lugares preferidos, a la vez que yo lo hacía por los míos. Notaba que el calor y la actividad iban en aumento. Papá se me subió encima y me iba tocando los pezones, acariciaba los muslos, giraba y me enseñaba mi culto o mi vulva, que se tocaba con toda libertad, sin pedirme permiso. Claro que yo movía el pene suyo con interés. De vez en cuando parábamos para volver a besarnos un rato, y luego volvíamos a donde estábamos antes. Algo que siempre me había parecido que debía estar bien era lamer los pies, así que ahora me atreví y parece que sí, que el resultado estaba bien. Sujetaba la pierna, que iba acariciando, y lamiendo, mientras con la otra mano me acercaba a la vulva, buscaba en la vagina, tocaba el clítoris. Papá se movía con temblores variados, pero sin señal de desagrado ni queja. Finalmente, nos paramos, nos miramos y me puso encima de él, mientras me explicaba con más detalles, así fue como me penetré. Entré en mi vagina con un pene bien erecto, y resultaba extraño tener que sostenerme con las manos, entrando y saliendo de mi vagina calentita y acogedora, mientras le iba cambiando ...