-
Un festival de lluvia dorada
Fecha: 09/12/2022, Categorías: Gays Autor: janpaul, Fuente: CuentoRelatos
... me hayas contestado, —dijo con voz grave y sonora. — ¡Ya somos dos!, —dije. — De momento, —gruñó. Pensé que se refería a que como su polla es tan grande y me arrepentiría de haberle contestado. Eso necesitaba comprobarlo. Me agaché y agarré su paquete a través de la toalla que tenía anudada por la cintura. Lo primero que noté fue lo duro que era. Cuando lo acaricié me di cuenta de que también era enorme. Nunca es demasiado grande para que yo me arrepienta. Debe de haber sentido mi alegría porque rompió el beso y se rio. — ¿Te gusta? Tal vez deberías echar un vistazo más de cerca, —su voz ronca y profunda hizo que mis rodillas se doblaran y las dejara caer en el piso quedando arrodillado. Dejó caer la toalla al suelo y una salchicha de 25,4 cm. me saludó. Me sonrió la idea de que esa cosa se me metiera por el culo. Me arrodillé y lo sostuve a la altura de los ojos. Era una hermosa polla sin circuncidar, con las pelotas bajas y colgando. «Oh, sí —pensé— estas iban a ser unas buenas vacaciones». Lamí sus bolas con olor a almizcle y saboreé su pellejo. Le recogí el prepucio dejando el glande al descubierto y metí la cabeza del pene dentro de mi boca. Él suspiró. Sabía salado. —Tu polla sabe un poco a orina, tío. Caliente, caliente estás. — Oh, ¿te gusta eso? —Me miró a los ojos. Me encogí de hombros tímidamente y sonreí con una sonrisa traviesa. — Excelente, —dijo. Comenzó a gemir mientras chupaba yo su tranca. — Vamos a divertirnos. ¿Te ...
... gustan las sorpresas?, —preguntó y yo lo miré con curiosidad. — Sí, por supuesto, —dije. Cerró los ojos y asintió. Volví a chuparle la polla. Tan pronto como me metí la cabeza de su polla por mi garganta, sentí que se bamboleaba un poco. «Oh, mierda —pensé—, ¿ya se está corriendo? Tragué y abrí mi garganta para recibir una explosión. ¡Entonces sí que llegó una ráfaga! Un fuerte chorro me atravesó la garganta. Al principio no podía creer lo duro que se estaba corriendo. Sólo me llevó un momento darme cuenta de que no se estaba corriendo en absoluto. Se estaba meando en mi boca y yo lo tragaba por la garganta. Tosí y jadeé. Gritó de risa mientras su chorro de orina se ralentizaba y empapaba la parte delantera de mi camisa. Estaba furioso. — ¡¿Qué carajo es esto, maldito imbécil?! — Dijiste que te gustaban las sorpresas. Mi enfado se desvaneció rápidamente al pensar en lo caliente que era esta escena. En realidad yo soy un gran meón, pero no estaba preparado para eso en ese momento, así y todo admití en voz alta: — En efecto, sí, supongo que lo pedí. ¡Puta maldita!, aquello era encantador para acompañar su buen aspecto. Esta fue la primera vez que realmente miré a mi alrededor. La caravana era tan grande como mi apartamento, que no es mucho decir, supongo, es muy espaciosa, tan grande como un autobús urbano. — ¿Vives en esta cosa todo el año?, —pregunté. — Sí, este es mi hogar por ahora. He hecho un acuerdo con la empresa en la que trabajo, a cambio de ...