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Hacer el amor y follar todo es empezar
Fecha: 14/12/2022, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos
... dimensión. 11 de la noche, tres días después. Estaba en el bar jugando una partida al tute. Me sonó el whatsapp. Mi compañero de partida, Braulio, me dijo: -Eso se apaga antes de empezar a jugar. Lo cogí y leí el mensaje: Estoy en Pontevedra en... Tengo dos horas, después vuelvo a casa. Me levanté y les dije: -Una emergencia, tengo que irme. ¿Me prestas el coche, Braulio? -Si es una emergencia... -echó la mano al bolsillo y me dio las llaves de su Audi-. Vete despacio a donde quieras que vayas. Pagué las consumiciones de los tres y la mía y me fui. En media hora estaba en la pensión que me había dicho. Llamé a la puerta, me abrió, y me dejó pasar. Diana llevaba puesto un vestido blanco que le daba por encima de las rodillas y unas sandalias del mismo color. Cerró la puerta, me empujó contra la pared y me echó la mano a los huevos. -¿Los traes llenos de leche? -A rebosar. Apretó sus tetas contra mi espalda, me bajó la cremallera del pantalón y sacó la polla. Besando mi cuello, comenzó a masturbarme. Me preguntó: -¿Me echaste de menos? -Mucho. Estaba en plan manda más. Me gustaba que me dominara. Dejó que me diera la vuelta. Me volvió a arrinconar contra la pared y me comió la boca. Su lengua estaba tan deseosa de la mía cómo la mía de la suya, pero era Diana, y de ella podía esperar cualquier cosa, y esa cosa fue que me acabó mordiendo la lengua y el labio inferior. Se agachó. Metió la polla en la boca, y al rato, meneándola, la ...
... mordió. Le dije: -Vienes con ganas de guerra, cabrona. Me metió otro pequeño mordisco, y agarrándome las pelotas, me miró, y dijo con sarcasmo: -¿Oí que me llamabas cielito lindo? Estaba casi seguro que no me iba a estrujar las pelotas ni a meterme un bocado en la polla, pero ante la duda, le dije: -No juegues con las cosas de comer, cielito lindo, no juegues con las cosas de comer. -Eso ya está mejor, cabrón. No fueran mordiscos fuertes, excitaban más que acojonaban, pero tenía que tomar medidas. La levanté cogiéndola por los sobacos. Una vez en pie, la levanté en alto en peso. Creyó que la iba a follar y rodeó mi cuello con sus brazos. Lo que hice fue llevarla hasta a cama y posarla en ella. Le quité el vestido, le quite el sujetador y después las bragas. Metí mi cabeza entre sus piernas y comencé a comerle el coñito. Lo tenía mojado. Hacía unos días que no lo afeitara y rascaba si se salía del interior de la vulva. Suave, despacito, mi lengua lamió los labios y después penetró en su vagina, despacito subió hasta su abultado clítoris. Lo lamí, muy, muy lentamente, y de repente. ¡Clash! Le metí un mordisco en el capuchón. Diana, exclamó: -¡Cabrón! -La que a mordisco mata a mordisco muere, pequeña! Puso cara de cabreo. -¿Esas tenemos, maricón? Me cogió la cabeza, me tiró de los pelos, me puso el coñito en la boca, y después, moviendo la pelvis de abajo a arriba y alrededor, me dijo: -¿Quieres coño? ¡Toma coño, cabrón! A mi no me iba a ...