1. Las hijas de mi novia: Dani, Mica y Juana


    Fecha: 21/12/2022, Categorías: Incesto Autor: elgato1976, Fuente: CuentoRelatos

    ... lujuria. Se separó de mi, se quitó de un tirón la remera y quedó completamente desnuda delante mío. La poronga me cabeceaba ya sin que nadie la toque. Tenía las tetas firmes, de aureolas y pezones rosados, intactos. La cintura delgada y las caderas de deportista, firmes y bien colocadas. Las piernas largas y la espalda perfecta. La concha lisa y despojada de vello, producto de que Romina les había regalado a las 3 los tratamientos de depilación definitiva.
    
    La empujé de a poco a la cama, dejándola con la espalda apoyada en el colchón. Bajé a besar su cuello, su pecho, le pasaba la lengua por su oreja, volvía a sus tetas. Pasaba la lengua muy rítmicamente sobre sus pezones que estaban apuntando al techo, amenazantes. Con mi lengua me deslizaba por su estómago, su panza, jugaba en su ombligo hasta llegar a su pelvis. En este punto, Micaela me agarró una mano y el pelo, apretando ambas. Había empezado a jadear de nuevo.
    
    De a poco recorrí los pliegues de su pubis con la pierna, pasando la lengua de un lado a otro. Sus piernas estaban cerradas, quizás por pudor. Su clítoris asomaba como un monumento en el medio de su vagina y pedía a gritos atención. Yendo con mi lengua de izquierda a derecha lo acariciaba como sin querer y ella levantaba la cadera para ayudar el encuentro. El olor dulzón de su sexo me quemaba la cabeza. Mica abrió sus piernas perdiendo toda la vergüenza que le podía haber quedado y toda la concha abierta de par en par quedó frente a mi cara.
    
    -Chupámela, ...
    ... por favor... no puedo más de caliente, chupame la concha... -Gemía Micaela
    
    No me hice rogar. Pasé la lengua unas 10 veces alrededor del clítoris, que notaba exageradamente grande y duro. Y además, descubrí que era muy sensible, porque la nena había empezado a tener pequeños espasmos y sobresaltos cuando pasaba todo el largo de mi lengua por ese timbrecito.
    
    Con los pulgares abrí su sexo todo lo que pude, sin forzarla, pero sí todo lo que permitía su elasticidad, y le dediqué varios minutos a pasar la lengua desde la puerta de su vagina hasta el clítoris, hacia arriba y hacia abajo. De a ratos me detenía en el clítoris y metía uno de los pulgares en su concha. Cada vez que hacía eso, Mica daba un respingo y arqueaba la espada. Me concentré en su clítoris, lo metí entero en mi boca y lo repasé firmemente con la lengua, mientras al mismo tiempo le metía los dedos medios en la concha hasta hacer tope con la mano. Los dedos buscaron el techo interno de la vagina y ubicaron un espacio rugoso, donde comenzaron una embestida final camino al placer.
    
    Mica ya no contenía sus gemidos. No paraba de jadear y preguntar "qué me hacés?" todo el tiempo. Hasta que sus manos me agarraron la nuca, sus piernas me apretaron la cabeza y sentí mi boca llena de su fluido orgásmico, mientras me tiraba el pelo y se deshacía en gemidos. Un líquido blanco y espeso me inundó la boca y me dejé llevar, lo recibí con deseo y placer. Tenía la boca llena de su orgasmo.
    
    -Pará por favor, Juan, no me ...
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