1. El secuestro de Rosa la mimosa


    Fecha: 22/12/2022, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos

    Isidro, un treintañero, gallego, rubio, alto, ancho de espalda y estrecho de culo, se había casado con Gimena, una mujer colombiana, morena, alta, cuarentona, voluptuosa y rica, muy rica. Gimena tenía una hija que se llamaba Rosa. Rosa tenía 21 años, era morena cómo su madre y alta cómo ella, pero delgada, con buenas tetas y culo pequeño.
    
    Vivían en Colombia en una mansión heredada de Fajardo, un capo que acabara acribillado por un sicario después de decirle una amiga a Gimena que su marido tenía un harén de mujeres jóvenes. Cada cual que saque sus conclusiones.
    
    Rosa, la hija de Gimena, era una mimosa a la que su padre le daba todo lo que quería. Cuando lo mataron de mimosa pasó a puta viciosa, y culo que veía culo que quería. A sus 21 años ya tenía el coño cómo un bebedero de patos, pero eso no quitaba para que fuese la más deseada de aquella comarca, ya que era bella a rabiar. Isidro, la deseaba más que nadie y eso era por ella lo provocaba día tras día, pero él se resistía a sus encantos para no acabar de mala manera si Gimena se enteraba de que follara a su hija.
    
    Berto, Lucas y Andrés eran tres gallegos, delincuentes habituales y amigos de Isidro. Eran de esa clase de hombres que pasan desapercibidos... No eran altos ni bajos, ni gordos ni delgados y ni guapos ni feos. Isidro les pagara el billete de avión y les diera unos cientos de dólares cómo anticipo de un trabajo que debían hacer. Hablaban en una taberna. Le decía Lucas a Isidro:
    
    -Ya tenemos la cabaña, ...
    ... Dartañán.
    
    -Entonces hay que mover ficha con la reina, Portos.
    
    Berto, terció en la conversación.
    
    -Por mí está bien, pero hay algo que debo saber. ¿Por qué teniéndolo todo te conformas con tan poca parte de la tarta, Dartañán?
    
    -Me ronda la muerte en forma de diablilla, Athos.
    
    -¿La mujer del posadero?
    
    -No, la hija.
    
    -¿No puedes pasar sin darle lo suyo?
    
    -No.
    
    Al final de la noche, después de repasar cómo iban a hacer las cosas, siempre en clave, porque suele haber oídos tras las paredes, Isidro, levantó la copa, y dijo:
    
    -¡Todos para uno y uno para todos, mosqueteros!
    
    Los otros tres levantaron sus copas y dijeron:
    
    -¡Todos para uno y uno para todos, Dartañán!
    
    Dos días después... Rosa, para echar un polvo con un joven que había conocido en una fiesta -era Berto-, burló a los guardaespaldas. Al salir con Berto a la calle -era noche cerrada-, un encapuchado salió de una furgoneta, le tapó la boca con una mano, la cogió en un brazado, y la metió en el vehículo. Una hora más tarde estaba con una venda en los ojos y atada de manos a los barrotes de bronce de la cabecera de una cama y de pies a los barrotes de la parte de atrás.
    
    Al llegar a casa los guardaespaldas y decirle a Gimena que su hija había desaparecido, la mujer puso el grito en el cielo. A los diez minutos los guardaespaldas estaban muertos. Todos los hombres que trabajaban para ellla se pusieron a investigar. Isidro ya estaba acojonado.
    
    Gimena desconfiaba hasta de su sombra, menos de ...
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