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La rendición
Fecha: 28/12/2022, Categorías: Confesiones Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... notando repentinamente el mordisco de la pinza. - Shhhh – le dijo el – recuerda que no puedes hablar, salvo cuando yo te pregunte. María sintió como el dolor, aunque soportable, recorría su cuerpo, yendo desde la punta del pezón a su cerebro. Mientras lo hacía, Javier empezó a acariciar el otro pecho, provocándole una extraña sensación de placer en un pecho y de dolor en el otro, que nunca había experimentado. Mientras todavía no había terminado de acostumbrarse a esta situación, notó como Javier colocaba otra pinza en el pezón que estaba acariciando, provocando en ella un nuevo gemido de dolor. Vio como Javier sonreía con satisfacción, disfrutando del dolor que le estaba infligiendo, acariciando los pechos y dando suaves tirones de las pinzas, provocándole oleadas de dolor con cada tirón. Bajó la cremallera de su pantalón, cogió su mano, y acompañó la mano de Maria a coger su miembro palpitante. Ella, obediente, deseando que aquello terminase cuanto antes, comenzó con un suave movimiento arriba y abajo, como la vez anterior le había enseñado, pero siempre sin mirarle debido a la vergüenza que sentía, imaginando cuando acabaría aquello. - Te duele? –preguntó con tono inocente, mientras daba un tironcito a uno de las pinzas, incrementando así el dolor. - Siii… gimió ella débilmente. Satisfecho, retiró una de las pinzas, acarició unos segundos el pezón permitiéndole recuperar su forma inicial, y colocó de nuevo la pinza, esta vez en posición ...
... horizontal. María gimió y se retorció de dolor, que ahora era mucho mayor. Repitió la operación en el otro pezón, y dejó a Maria que se deleitara con aquella sensación de dolor que la atormentaba. La dejó en aquella dolorosa situación unos segundos. - Si quieres, podríamos quitarlas ya, pero a cambio tendrías que hacer algo… Maria le observaba expectante, con ojos suplicantes, deseando terminar con aquel dolor que atravesaba todo su cuerpo. - Retiraré las pinzas, y durante los próximos quince minutos continuarás haciendo esto y llenaras mis huevos de semen. Cuando considere que ya está suficientemente espeso y abundante lo derramaré en tu boca, donde lo saborearas durante al menos cinco minutos antes de tragarlo. Ella lo observó con estupor, recordando lo difícil que le había resultado tener el semen en su boca la vez anterior, y solo habían sido dos minutos. Javier comprendió que con su mirada le suplicaba una rebaja de los minutos saboreando el semen, pero en lugar de apiadarse de ella, solo consiguió obtener de él unos nuevos tirones de las pinzas, haciendo que casi se le escaparan las lágrimas. - Aceptas entonces? –le preguntó. Ella comprendió que no iba a tener escapatoria, y resignada asintió con la cabeza, deseando que aquello acabase cuanto antes. Javier retiró una de las pinzas, provocándole por un momento un dolor todavía mayor. Empezó a acariciar el pezón dolorido, y retiró también la otra pinza, dejando al aire los sus pezones. Acercó su boca a uno ...