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Ocurrió en Baracaldo
Fecha: 06/01/2023, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos
María (una amiga) y yo fuimos en avión hasta el aeropuerto de Bilbao. Allí nos esperaba Beatriz, una de mis sobrinas y cómplice carnal de mis andaduras, nos llevó en su auto hasta Baracaldo, donde íbamos a pasar un fin de semana. Mi esposa había ido a Londres a casa de una de mis hijas, Beatriz iba a estar en su piso con nosotros. Me gustaba el sitio, habíamos llegado el sábado por la tarde y el domingo por la mañana, junto a dos amigos míos recorrí (cómo las otras veces que fuera) todos los bares de Baracaldo, que son muchos, vino, tapa, vino tapa, vino tapa... Cuando terminamos el recorrido ya no tenía ganas de comer, lo que tenía era un pelotazo de los gordos. El piso era pequeño, tenía dos habitaciones, una sala, un comedor, la cocina y un baño. El domingo por la noche, a una de la madrugada, no tenía sueño y le metí mano a María, mi amiga con derecho a roce, o cómo le queráis llamar, que era una veinteañera, pelirroja, pecosa y con todo muy bien puesto. Se molestó, y me dijo: -Estate quieto. No me gustó su actitud. -¡¿A que venimos más que a follar, María?! -Ya, pero nos puede oír Beatriz. Beatriz ya nos había oído. El piso tenia paredes de papel. Desde la habitación de al lado, dijo: -Por mí nos os cortéis. Le dije al oído: -¡Qué morbazo! Echar un polvo mientras nos escucha Beatriz. -A mí no me da morbo ninguno. Me estaba cansando. -¡Ay que coño! ¿Follamos o no? -No. Me cabreé. -Te estoy viendo a ti y veo a mi mujer, ...
... carallo. -¡¿Qué?! -Que te estás haciendo vieja. Mis palabras le sentaron cómo un tiro. Encendió la luz. En combinación transparente, se levantó de cama. Le pregunté: -¿A dónde vas? -A dormir con tu sobrina. Tengo el cuerpo muy cansado y ya me dijo que si no estaba cómoda contigo que fuera para su habitación. -¿Y eso no te da que desconfiar? Vas sin bragas ni sujetador... -No me engañas, Beatriz no es lesbiana. Me voy. Beatriz, mi sobrina, tenía 28 años, era morena, muy alta (más que yo) y tenía un cuerpazo. Hacía un par de años que estaba separada. Media hora más tarde volvía María a cama. -¿Te echó? Habló en bajito. -No, me vine. En bajito le pregunté: -¡¿Quiso follar contigo?! -Me sedujo un poquito. -¿Qué te hizo? -De todo un poquito. Me besó, me chupó las tetas, me metió un dedo en el coño. -¿Y tú que hacías mientras tanto? -Es más fuerte que yo. Se había enrollado con ella. -Te dejaste. -Sí, pero solo un poquito, es que al sentir sus dos manos acariciar mis tetas por debajo de la combinación y su lengua acariciado la mía, y luego sentir cómo lamía mi oreja, pues dejé que me quitara la combinación y que me comiera las tetas y el coño, pero solo un poquito. -¿Te corriste? -Un poquito. Se debía pensar que era tonto. -¡¿Un poquito?! -Bueno, me corrí cómo una perra, pero fue sin querer. -Queriendo. -Sí, sin querer queriendo. -Me acabas de empalmar. ¿Te trató con dulzura? -Con mucha ...