1. Memorias inolvidables (Capítulo 13): Miguel y Sebastián


    Fecha: 07/01/2023, Categorías: Gays Autor: janpaul, Fuente: CuentoRelatos

    Miguel y Sebastián estuvieron un tiempo viéndose, saliendo juntos, incluso pronto comenzaron a ir a sus respectivas casas, para conversar, esperarse y para otras cosas, como alguna celebración de cumpleaños en que acudían amigos, ellos se iban haciendo imprescindibles para ellos mismos. Hasta que llegó el momento en que se esperaban para todo. Miguel acudía a casa de Sebastián para ir a clases o para hacer cualquier cosa. Todo el día estaban pendientes uno del otro.
    
    Cierto día conversaron que, igual que habían hecho con los amigos, quizá había llegado la oportunidad de comentar su situación y estado de ánimo en sus propias casas a fin de que les dejaran la libertad de manifestarse como lo que ellos consideraban que ya eran, enamorados, novios, prometidos, comprometidos, como quiera que se diga en todos los continentes de nuestro mundo. Así se veían ellos, inseparables, imprescindibles, eternamente amantes… Esta libertad les permitiría entrar en sus respectivas habitaciones sin ser molestados, a fin de mantener la intimidad, incluso pernoctar aunque estuviera la familia, no emprender un viaje el uno sin el otro, con lo que contarían las dos familias a partir de la declaración, y otras cosas más. Lo que no contaban ellos es que quizá no les importaba que fueran amigos y muy amigos, pero tener pareja del mismo sexo no pensaron que la familia se extrañaría, porque a ellos les pareció cosa normal.
    
    Hizo el primer intento Sebastián. Estaba toda su familia en casa ...
    ... comentando cosas más o menos divertidas. Sebastián tenía dos hermanas y un hermano mayores que él, Nuria, Lizbeth y Rafael — para todos Rafa—, y tres hermanos menores, Julio era un año menor y dos y medio eran los mellizos Porfiria y Calixto, que eran chica y chico. En la reunión familiar, cada quien contaba cosas graciosas, uno lo del día que murió la abuela, otro del colegio y así uno tras otro iba contando cosas con las que todos se rieron. Sebastián guardaba silencio ante todo esto y no siempre le provocaba risa como la anécdota de la muerte de su abuela en la que salieron tres o cuatro ratones de la cama donde habían puesto a la abuela, esperando que llegara el ataúd. Todos reían cuando contaban la persecución de los ratones. A Sebastián no le hizo gracia y no se rió porque era el preferido de su abuela y tenía ese día del entierro mucha pena y pensó que era una broma de mal gusto que habían hecho sus hermanos y sus primos para asustar a las mujeres. Tampoco le estaba haciendo mucha gracia a su madre, la hija de la difunta, porque eso supuso un mal agüero familiar. Pero Sebastián entre tanta risa esperó el momento más adecuado, que no llegaba. Su padre tuvo el infortunio de decirle:
    
    — Sebas, Sebas, pareces estar absorto, ¿no cuentas nada?
    
    Sebastián no se reía y tampoco hablaba. No contestó a su padre, pero este insistió:
    
    — Cuéntanos algo, Sebastián, anímate, cuenta…
    
    Los hermanos comenzaron a decirle:
    
    — Cuenta algo, que tú sabes contar las cosas…; cuenta, cuenta, ...
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