1. A la próxima ¡me la metes! (1)


    Fecha: 11/01/2023, Categorías: Gays Autor: janpaul, Fuente: CuentoRelatos

    ... sentía «sedosa«, no encuentro mejor calificativo para darle al agua después de masturbarme, la sentía diferente; luego disfruto de las sensaciones resbaladizas que me proporciona el champú en mis largos cabellos que me llegan algo más abajo de los hombros. Todavía hoy me vuelvo loco con el perfume del champú Bed Head que uso; me hace salir de mí mismo como si mi pelo tuviera personalidad propia. Hasta mi madre, a la que no le falta el dinero, siempre me decía —ahora ya no—, que acababa demasiado pronto el frasco. Lo que yo deseaba siempre era embadurnar de ese perfume mi cabellera y luego el gel para mi cuerpo, extendiéndolo de manera muy sensual como sabía hacerlo tocándome placenteramente cada rincón de mi cuerpo, y por fin nuevamente el agua y la suave irrigación fina en mis genitales para hacerme regresar a mi situación. Las sensaciones de irrealidad son magníficas, sentir mis manos en mi cuerpo que iban haciendo en mí una cadena de pura sensualidad que no siempre podía manejarla muy bien, sólo ocurría sin que pudiera controlarlo. Me resistí a correrme con otra paja.
    
    Salí de la tina y el vapor daba imágenes teñidas de alucinación en la «sala de los espejos« como llamábamos al baño cuyas cuatro paredes, incluidas las del cubículo de la ducha, son espejos de siete milímetros de grosor. Así, uno podía contemplarse a gusto, por todos sus lados, supongo que eso era especialmente dedicado a mi madre, pero lo heredé yo cuando mis padres se mandaron hacer un baño particular ...
    ... en su dormitorio. Es que a los arquitectos siempre se les olvida hacer cosas útiles. Me contemplé en los vidrios humedecidos, bailé, moví mi culo y mis caderas, me contorsioné mi cuerpo y me la pelé. Mis dieciocho años estaban reflejados en los vidrios, mi pelo mojado hasta más allá de los hombros, más oscuro por la humedad, mi torso delgado, pero no flaco, —en mi casa se podía ser flaco, pero jamás, ¡jamás de los jamases!, gordo—; mis caderas jóvenes solo necesitan un nº. 3 de speedos y, en el reflejo de los espejos astutamente dispuestos para poder apreciarse desde todas las perspectivas; podía ver además mi trasero, de esos que llaman «culo tonificado», es decir, cada nalga era casi perfectamente redonda, voluminosa, de esas que yo sabía que era atracción no sólo de las chicas, sino además de los muchachos de cualquier edad; mi hermana, mi madre y aún a veces mi papá me daban pequeños pellizcos y no dudaban en decir que mi culo había sido hecho por unos magos. En medio de mis piernas un pene que estando lacio medía unos diez centímetros y cuando se me levantaba llegaba a los dieciséis y algo más de centímetros, con un grosor de tres centímetros. Sí, me lo había medido varias veces. Circunciso, mi piel estaba estrecha desde que nací y mis viejos me operaron haciendo de mi pene un nabo sin piel. Mi pubis siempre lo tengo con los pelos recortados. Todavía no me he depilado por láser mi pubis; lo he hecho en mi pecho, piernas y brazos, incluidas axilas. De ombligo a huevos me ...