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Qué cabrona era la tía abuela y qué cerda la tía
Fecha: 13/01/2023, Categorías: Incesto Autor: Kiko, Fuente: CuentoRelatos
... repetidas veces, después le metí y le saqué la lengua de él. Mi tía entre gemidos me dijo: "¡Caliéntame el culo mientras me lo follas con la lengua!" Le di cada vez que mi lengua salía de su culo: "Plas, plas, plas..." No le llegaba. Me dijo: "Un poquitín más fuerte" Le di algo más fuerte: "¡Plas, plas, plas!" Quería más violencia. "Un poquitín más fuerte" Me dolían las manos de darle, así que bajé de la cama, cogí una de sus zapatillas marrones con piso amarillo de goma, volví a ponerme detrás de ella y le di: "¡¡Plas!!" "¡Ay!" "¡¡Plas!!" "¡Ay!" "¡¡Plas!!" "¡Ay!" "¡Cabrón!". Tiré con la zapatilla y le acaricié las costillas para luego sorprenderla clavándosela en su rojo y dolorido culo. Rompió a reír y me dijo: "Me haces cosquillas". No se las había hecho, pero sabiendo que las tenía empecé a hacérselas. Se derrumbó sobre la cama y no paró de reír y de retorcerse hasta que se las dejé de hacer. Cuando se puso de nuevo a cuatro patas tenía lágrimas en los ojos y una sonrisa de oreja a oreja. Me dijo: "Eres muy malo". Le dije: "Aún no sabes bien cuanto". Le puse la polla en la entrada del ojete y sin más se la clavé hasta los cojones. Exclamó: •"¡Maricón!" Le agarré las tetas y le di caña. Había vuelto el macho. Le dije: "¡Calla o te reviento el culo!" El que acabó reventado fui yo, tan reventado quedé después correrme dentro de su culo que caí rendido cómo caen los conejos después de montar a una coneja. Se dio la vuelta, cogió ...
... la polla, la olió y dijo: "¡Me encanta este olor!" Le gustaba el olor a mierda. Luego la mamó hasta ponerla dura. Después se dio la vuelta y me dijo: "A ver si ahora aciertas con el agujero". Me puse detrás de ella y se la metí en el coño empapado. Entró con una suavidad exquisita, después la follé con calma para no cagarla de nuevo. Magreaba sus tetas y la besaba en la espalda, al rato la follé más aprisa, y después a toda hostia. Tuve que parar porque me iba a correr de nuevo. Mi tía no se corría ni a tiros. Media hora más tarde no aguanté más y le llené el coño de leche. Al sacar a polla del coño se dio la vuelta. Pensé que me iba a chupar la polla de nuevo, pero no, me puso el coño en la boca y me dijo. "Quiero correrme en tu boca." Saqué la lengua, mi tía frotó su coño contra ella y cinco o seis minutos después, se corrió en mi boca temblando y jadeando cómo una loba. Le pregunté: -¿Cómo siguió la cosa? -No siguió, mi tía al correrse se le iban las ganas, era mujer de una sola corrida. -Se ve que en esas cosas las mujeres son todas diferentes, aunque cerda cómo su tía debe de haber pocas, y usted es otro cerdo. -Lo que vas a ser tú cuando te toque comer un coño con tu corrida dentro. Señor Agustín no me conocía, le dije: -¡Nunca! Ahora sé que no se debe decir nunca, jamás, puesto que unos meses más tarde le comí el coño a señora Mercedes, la mujer de señor Agustín, mientras mi leche salía de él. Quique