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La historia de Ángel, solo era un muchacho (50/59)
Fecha: 14/01/2023, Categorías: Gays Autor: Albany, Fuente: CuentoRelatos
... a la luz, y yo fui el detonante que rompió la barrera. Alberto no faltaba a nuestra cita diaria, si algún día no llamaba sabía que tenía que ser porque estaba ocupado, o bien por no molestarme y distraerme de mis diversiones. Alberto cada día e me hacía más presente, también pensaba en algún momento en Ian, le imaginaba postrado en su cama blanca, sonriente como me aseguraba Alberto, hasta divertido de haber sabido sortear a la muerte. No quería hacerme ilusiones con Alberto, tampoco deseaba pensar si sería conocedor de mi tarea en la organización, él no estaba dentro de ella pero tenía a David y a Oriol muy cercanos a él que lo sabían. Rechazaba la idea de comenzar. ¿El qué? ¿Una nueva aventura que terminara como las anteriores? Y tampoco él manifestaba por mi otra cosa que una sincera y fervorosa amistad que para mi era suficiente por ahora. A Eduardo le encontraba mejorado, y hasta pensaba que le había nacido nuevo pelo, se había dorado por sus paseos al sol y al ser acariciado por la brisa marina. Ana María había intimado con la madre de David, todo parecía andar entre pétalos de rosas. Por mi parte había conseguido un verdadero amigo, confidente y cómplice que me ayudaba a imaginar lo que, según él, Alberto sentía hacia mi. A veces pensaba que Oriol deseaba emparejarme con su antiguo amante, así, sin más, y que para lograrlo me hablaba de cosas que solamente él pensaba. Otra veces imaginaba que él quería ver a su amante feliz y emparejado, todo era un lío ...
... que no estaba dispuesto a tirar de él por ahora. Llegó el día que finalizaba nuestra estancia en aquella vivaz y bella ciudad de veraneo. El regreso fue parecido al viaje de venida. No tenía muchas cosas de que ocuparme, Carmen se encargó de mis maletas después de atender las de Ana María y Eduardo ayudada por el valet que contrataron. Ya estábamos de vuelta en casa, toda ella primorosamente limpia, preparada para recibirnos, sentía la fragancia de las rosaledas ahora pletóricas de rosas de todos los colores, y la lámina de agua de la piscina fosforescente al reflejar los rayos del sol del mediodía. Dulce salió a recibirnos y saltaba dudoso de si saludar primero a Eduardo o a mi. Lo habíamos pasado muy bien los seis, los señores Salvatierra habían dejado de ser unos desconocidos para mi y el marido de su hijo era, desde ahora, un hermano para mi, y yo para él, el que nunca tuvo, ¿y Ana María? ¡qué cambiada, que distinta! convertida en la madre que yo no tenía. A Eduardo el viaje de regreso le cansó más de la cuenta y se metió en sus habitaciones atendido por el personal de la clínica. Después de la comida me tumbé un rato para descansar, me di un corto baño, había decidido que lo primero que debía hacer era visitar a Ian, me disponía a llamar a Alberto para que me dijera el hospital donde se encontraba cuando sonó mi móvil. -¿Ha sido un feliz viaje? -no podía negar su alegría, se le notaba a distancia y no sabía el motivo, su alegría era la mía. -Sin ...