1. La correcta Any


    Fecha: 17/01/2023, Categorías: Confesiones Autor: Tuca, Fuente: CuentoRelatos

    ... dormía sola, así es que antes de dormir era mi hora preferida. Mis caricias consistían en frotarme o apretarme cierta parte que me producía una cosquilla en todo el cuerpo y que luego me dejaba muy relajada, sin embargo como lo hacía a hurtadillas, sabía que no era bueno y que estaba pecando, lo que desencadenaba un gran sentimiento de culpa, puedo decir que hasta sufrimiento…
    
    Como los chilenos tenemos la característica de ser doble estándar, mi familia no era la excepción. Mi mamá era madre soltera (años más tarde me enteré que yo fui fruto de una infidelidad de mi progenitor y que mi mamá tuvo vaaarias parejas sexuales); además en mi casa vivía con un tío, que fue una figura paterna muy buena, era bastante popular entre las damas del sector y supe que le gustaban las prostitutas, dejó varios hijos botados y luego de años se casó con la concubina oficial que tuvo. Bueno, ese tío, le gustaban las mujeres y harto, siempre tenía revistas de adultos, ¿y por qué lo sé?... porque me metía en sus cosas a trajinar y las veía, es más las buscaba con ansias. Ver a esas mujeres voluptuosas provocaba sensaciones en mí que no podía explicar. Me imaginaba yo con esos pechos enormes, con esa vulva provocadora y haciendo todas las poses que ellas hacían, tocándose, lamiéndose, mirando con esa cara de caliente, esos días que miraba esas revistas mi masturbación era más intensa y jugosa, ufff… yo quería hacer tooodo eso… peeero no podía o no debía, porque era pecado pues!
    
    Llegué a ...
    ... la universidad de la misma manera, pacata. Hice buenos amigos y formé grupo con algunas, las que eran mucho más desinhibidas que yo, hablaban abiertamente de sus experiencias sexuales sin tapujos y de vez en cuando me decían “Any, cómo, ni una paja te echas? No sabes de que te pierdes!”. Obviamente yo jamás de los jamases habría admitido que mi pasatiempo preferido era darle acción a mi clítoris.
    
    Al irme a la U, significó que me trasladara de ciudad, lo que a mi parecer me daba un poco más de libertad, una bastante restringida que me autoimponía. Una de esas libertades fue el empezar a masturbarme frente a un espejo, descubrí con un asombro único que yo tenía labios vaginales debajo de mi tenue vello. Debo admitir que de verdad no sabía que existían en mí, es decir, no me los había visto antes y fue motivo para aumentar mi grado de placer el explorarlos y sentir como se humedecían y abrían al contacto con mis dedos.
    
    Por lo general me tocaba en la mañana y durante la noche varias veces, era casi un vicio el hacerlo, ansiaba desocuparme de mis quehaceres para sumergirme en la lujuria de mis manos. Cuando me tocaba dormir en otra casa o con alguien por trabajos, era motivo instantáneo de mal humor, sentía que el experimentar orgasmos día a día era casi vital.
    
    En las mañanas, unos minutos antes de levantarme, empezaba a juguetear un rato con mi clítoris, hasta que me empezaba a calentar, poco a poco empezaba a sentir ese cosquilleo que bajaba desde mi vientre hasta mis ...