1. Un yerno caliente


    Fecha: 23/01/2023, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    “Siempre queda un rinconcito silencioso, aun en las sinceras confesiones de mujer”
    
    Bourget, Paul Escritor Francés (1852-1935)
    
    El autor, Omar Bercane, agradece sinceramente a todos sus lectores el envío de comentarios sobre sus relatos, en fechas tan señaladas, al haber pasado el millón de lectores.
    
    Doña Elisenda, desde hacía mucho tiempo que su yerno era el más caliente de los prostíbulos de la comarca, pero para no crear problemas con su querida hija se lo guardaba en secreto. A su yerno lo veía un par de veces al mes, cuando ella tenía guaria en el hospital donde trabajaba como enfermera. Este, ya tenía por costumbre ir a comer o a cenar a casa de su suegra, por orden su pareja para tenerlo controlado y que llevase una vida más ordenada cuando ella no estuviese. Pero la cabra siempre tira al monte y a este marido le gustaba hacer “escapadas” Bueno en este caso, ir a los clubs de damas pecadoras.. Aquel yerno no tenía nada en contra de sus pecados. A su abuelo, también le gusta levantar faldas, y no unas pocas. Este abuelo, ya desaparecido, durante su juventud,en la época de recogida de aceitunas, en los años de las grandes cosechas, se iba a buscar trabajadoras al norte de Castellón, ya que en aquellas zonas era mas fácil encontrarlas. Con su carro y su mulo, se tiraba toda una noche y gran parte del día de viaje. Como este se repetía desde hace muchos años, alli ya se le esperaba. La vuelta de aquel viaje,con el carro lleno de mujeres, y todas jóvenes, aquello ...
    ... era una fiesta. Colgado del carro, bajo el toldo que lo cubría, una bota de vino tinto de Gandesa con más grados que el alcohol de quemar. En ese carro no se paraba de cantar comer jamón y apretar la bota. Ya de madrugada, el alcohol comezaba a hacer su embriagador efecto y aquellas mujeres dormía como podían en ese reducido espacio, y eso lo aprovechaba el abuelo para meter su mano dentro de alguna enagua para tocar algo caliente. En aquel grupo, había una vuida de mediana edad que solia ir con asiduidad, que ya desde el primer viaje no llevaba ropa interior para que la mano del patrón no encontrase obstaculos. El traqueteo de aquel vehículo y las herraduras del mulo contra el empedrado suelo evitaban que se oyese algún supiro de placer mal contenido. Después el abuelo, como nadie lo podía ver, se pasaba los dedos por la nariz saboreando aquellos olores que le sabía a gloria.
    
    Cuando ya aquel nieto, nuestro protagonista, llegó a la pubertad, su abuelo le fue contando con todo detalle aquellas calientes escapadas, que ponían al joven más caliente que un brasero. A aquellas calenturas, tanto se aficionó, que a escondidas, cuando tenía un poco de dinero se iba a tocar las figas de las señoritas que en aquella época se ubicaban en las casas de los barrios viejos de la ciudad. Allí conoció lo que le contó su abuelo. Su abuelo se lo contaba con la misma pasión, como si hubiese ocurrido el día anterior.
    
    Si el maestro lo explicaba con pelos y señales, su alumno lo aprendió ...
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