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Y un día pedí por favor
Fecha: 25/01/2023, Categorías: Confesiones Autor: MiguelFederico, Fuente: CuentoRelatos
Hola, ante todo me presento: Soy Silvana, tengo 30 años, soy Ingeniera Atómica, y vivo en Bariloche, Argentina. Mido 1.70 m., delgada, y con buen culo, y lindas tetas, aunque un poco más no me quedarían mal. Cuando salí del secundario a los 18 años me fui a estudiar al sur de mi país. Vivía con otra chica que estudiaba lo mismo en un pequeño departamento. Por el tiempo que nos llevaba la carrera, muchas horas de estudio, y el clima de la zona, no éramos de salir mucho a la noche. Casi nada. Mucho menos tener un “novio”. Cuando salíamos, si nos gustaba algún chico, no dábamos vueltas e íbamos a la cama. Solamente con dos chicos intercambiamos números de teléfono. Pero nada serio. Maru, mi compañera de departamento era más pequeña que yo, algo entrada en kilos, pero con una personalidad avasallante. Su simpatía, excelente humor y mucha sensualidad le permitía siempre tener algún chico para disfrutar. Cuando nos fuimos a vivir juntas, solo pusimos como reglas el orden del departamento, la limpieza y tratar de no traer chicos al departamento. Para nosotras era normal vernos livianas de ropa, estudiando, limpiando, o simplemente mirando tele. La convivencia nos fue llevando, a cruzar ciertos límites. Primero fue mirar tele abrazadas, luego algunos toqueteos mientras hacíamos las cosas, hasta llegar a tener sexo. El sexo era algo que las dos disfrutábamos y necesitábamos. Nos relajaba, y nos permitía sentirnos no tan bichos de laboratorio. Después de un par de años, ...
... un receso en la facultad me quedé en el sur, no volví a Buenos Aires. Pude disfrutar la ciudad, pasear ya que el clima del verano es muy lindo y aprovechar para salir de noche. Fue una tarde que en una salida a caminar entré a un negocio a ver ropa. El encargado, un muchacho muy lindo, más alto que yo, fue quien me atendió. Me mostró varias cosas y cuando iba a pagar me preguntó: “¿Disculpame, vos estudias en el Instituto Atómico, no es así?” “Si, estudio allí. ¿Cómo sabes?” le pregunté “Porque un amigo de mi padre trabaja allí, y hace poco le fui a llevar algo y te vi” “Ah, qué buena memoria visual que tenés” dije de compromiso. “Si” dijo él. Cuando ya casi estaba en la puerta para salir con mis compras él me dijo: “Perdoname, espero no te molestes, te puedo invitar a tomar un café en algún momento” “Claro que no me molesto, es halagador. Si querés cuando cerras nos encontramos en el café frente a la plaza.” Le dije para no darle el teléfono ni mi dirección. Aunque debo reconocer que me gustaba. “Sí, claro que quiero. Cierro a las 19 Hs., en 5 minutos llego.” “Nos vemos entonces.” Efectivamente a las 19:05 Hs. estaba entrando al café. “Hola, gracias por aceptar mi invitación. No soy de invitar chicas a salir, pero te debo confesar que cuando te vi en el instituto me gustaste, pero sobre todo, quería conocerte porque es muy raro ver mujeres estudiando allí.” “O sea, que me estas tratando de bicho raro. Por lo menos decime tu nombre, ...