-
Lucky boy (I): El bus
Fecha: 11/02/2023, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Erothic, Fuente: CuentoRelatos
... haciendo que mi lubricación natural escurriese alrededor de ellos. Estaba perdida, quería dejarme llevar y terminarme de estimular ahí mismo, aunque al mismo tiempo quería prolongar el momento pues el camino aún era largo. Pero en ese momento una señora se ponía de pie a un par de filas enfrente. De inmediato me sobresalté y me acomodé el vestido de regreso a cubrirme las piernas, mientras miraba a la mujer encaminarse al baño en la parte trasera del trasporte. La ansiedad me consumía, quería regresar a gozar con mis caricias y consolarme con las miradas de mi joven acompañante. Mis manos temblaban, me pedían a gritos que continuara tocándome, estaba incontrolable; me sobaba los brazos, me frotaba el cuello y lentamente deslizaba mis dedos por debajo de mi escote, mirando de reojo que nadie más me mirara. Estábamos completamente solos, pese a que el autobús iba a tope, el momento era solo nuestro, nadie nos veía en la privacidad de nuestros asientos. Solo quería su atención, solo la vista de aquel muchacho en mis manos sobre mis pechos que ahora acariciaban la erizada piel de mis suaves tetas por debajo del vestido, haciendo que uno de los tirantes de éste se deslizara por mi hombro izquierdo debelándole mi seno censurado por mi propia mano sobre él. Lo estrujé seductoramente, separando mis dedos para abarcar toda su circunferencia, al mismo tiempo dejando al descubierto mi aureola central que asomaba entre mis largos dedos, lo suficiente para pellizcar un poco ...
... mi pezón erecto y duro, listo para una buena y dulce chupada. Mmm. La puerta del baño se abría y la luz de ocupado se apagaba. Enseguida me reincorporé y acomodé de nueva cuenta mi vestido, ahora para cubrirme mis pechos. Había estado más tiempo desnuda que vestida en ese autobús, estaba caliente como nunca y aún había tiempo por delante. Pero ahora le tocaba a él, había sido el centro de su atención por todo el camino; era hora que me complaciera un poco a mí. Debía demostrar cuanto me deseaba. El espectáculo no era gratis, bueno sí, pero habría que contribuir un poco. Desde hace tiempo que le miraba un buen paquete levantándose en sus jeans y ya se me antojaba probarlo. Si quería probar mi cuerpo, debía convidarme un poco del suyo, ese era el trato. Todo regresaba a la calma; las personas comenzaban a sucumbir al sueño, nadie hablaba, el viento resoplaba a medida que el camión se abría paso velozmente en la carretera, la película hacía eco entre las filas a oídos sordos de los tripulantes delirando de cansancio como boxeador noqueado. Yo aguardaba pacientemente a que el muchacho a mi izquierda firmara el contrato pecaminoso. Primero voleó a todos lados. Revisó a su señora madre quien hacía mucho había caído rendida, después a su padre al frente de nosotros, invisibles a su perspectiva, y a su hermana quien parecía ser la única que prestaba atención al filme romántico que se reproducía. Finalmente el joven volteó a su izquierda, en los asientos detrás de su madre, ...