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Angel
Fecha: 14/02/2023, Categorías: Confesiones Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
Me desvirgué a los 18 con mi novia, con quien llevaba algunos años saliendo. Hablo del coito “normal”, pues analmente ya habíamos tenido experiencia previa, por aquello de no arriesgar posibles embarazos. Sorprendentemente a ella no le disgustaba. A mí, pues no hace falta decirlo ... Habían habido infidelidades por su parte, pero éramos jóvenes y yo tolerante. El problema es que el día del desvirgamiento, al finalizar el acto, hizo un comentario que me dejó pasmado: “por fin podré hacerlo con otros …”. Y al poco me dejó. Lo pasé realmente mal durante mucho tiempo. Pero la vida da muchas vueltas, y 30 años después recibí un mensaje por la típica red social que todos tenemos. “Te veo bien”, decía simplemente. No sabía quién era y preguntando me confesó que era mi ex. Me buscó aquel verano por las redes. Descubrí más tarde que su marido estaba con sus hijas de vacaciones y ella se quedó sola trabajando. Se debió sentir sola … Quedamos a la salida de su trabajo. Cuando la vi salir, lo primero que pensé fue “qué hija de puta, qué buena que está”. Realmente quedé impactado. Ella, como si nada, me dio dos besos, que si se alegraba mucho de volverme a ver, que qué tal mi vida … Me invitó a su casa, explicando que estaba sola. Y allí fuimos. Llevaba un vestido veraniego con vuelo y unos zuecos. Al llegar, nos sentamos en el sofá y se quitó el calzado. Cuando llevábamos un rato hablando de las típicas tonterias me preguntó si me podía dar un beso. Evidentemente dije que ...
... sí. Pero su beso fue un morreo en toda regla, sentándose a horcajadas encima de mí. Al poco de aquel intenso beso, me vi con una erección de caballo y los pantalones me apretaban. La levanté un segundo para quitármelos y ella aprovechó para quitarse el vestido. Su piel era suave, bronceada y olía como yo recordaba. Sus pechos, pequeños pero firmes y bien formados, quedaban a la altura de mi boca y no pude contenerme de besarlos, lamerlos, chuparlos, … Sus diminutas braguitas negras estaban totalmente empapadas. Ella jadeaba y yo, medio mareado de la excitación y la sorpresa, me quité los calzoncillos. Ella sus braguitas. Pude ver el curioso arreglo de su vello púbico. Depilado, pero con una línea central de vello largo y liso. Inmediatamente me cogió el pene y se lo apuntó a la entrada de su sexo sorprendentemente super húmedo. Ni que decir tiene que cuando bajó su cuerpo y mi miembro se clavó en su interior, la locura se apoderó de mí. Me espabilé cuando ella empezó a subir y bajar de manera descontrolada. ¡Dios! Era una diosa del sexo. Nuestros cuerpos chocaban con un sonido que inundaba el comedor cuando ella sugirió ir a la cama, a su dormitorio. Y aquello fue brutal. Dominado por la locura de aquella mujer que nunca dejé de amar, empecé a empujarla con mis caderas. Por un momento me preocupaba el sonido de la cama chocando en la pared, por los vecinos, pero al ver su cara y sus ojos entornados no pude más que empujar más y más fuerte. “¡cabrón! ¡joder!” me decía. He ...